Las declaraciones del representante a la Cámara, Ape Cuello, en el Concejo de Valledupar sobre la intervención de Emdupar merecen una total reflexión profunda y desapasionada, alejada de los discursos simplistas que ignoran la realidad estructural de la empresa.
No se trató de información o cifras distorsionada, sino de una crisis palpable que cada vallenato padecía en su diario vivir: un servicio de acueducto y alcantarillado ineficiente, con una administración negligente, indiferente, ineficiente y tarifas impuestas que, lejos de corresponderse con la calidad del servicio, parecían diseñadas con propósito para crucificar a los usuarios en lugar de beneficiarlos.
Durante años, la ciudadanía clamó y rogó por una solución a la ineficiencia administrativa y operativa de Emdupar. No fue una simple coyuntura producto de la pandemia lo que precipitó la intervención, sino un colapso anunciado -desde hace muchos años- que requería medidas de choque. La gestión de la empresa estaba marcada por una ausencia totalmente alarmante de planeación estratégica, un rezago en inversiones fundamentales y un modelo de recaudo que, con la participación de Radian, terminó por exacerbar la crisis en lugar de mitigarla.











