No joda, yo que había comprado esta moto dizque para vacilarla con la hembrita los fines de semana, con los pocos ahorros que logré, ahora me toca usarla para camellar todos los días desde que la vaina se puso delgadita. La ciudad (que no es ciudad aún) se llenó de gente de afuera y rápidamente el costo de vida incrementó de forma absurda. Aquí no hay empresas y las pocas que hay no dan abasto o son fachadas de no se sabe qué; sí, tú sabes, esta ciudad que no quiere a nadie, no tiene oportunidades para nadie.
Ahora me tocó usar la motico para trabajar y solucionar los recibos y la comía de los pelaos; uno que tuvo pocas oportunidades para el estudio, evidentemente tendrá pocas oportunidades para el trabajo: para un trabajo donde no se asolee uno, más bien; para un trabajo decente como dirían en el barrio (aunque todo trabajo honrado es decente). No joda, es que trabajar manejando moto es de lo más hijuep… que yo he hecho en mi vida; quizá en Bogotá o Suiza uno la vacilaría por el climita, pero en el valle, no mi rey, no es fácil. Pero toca, cipote vaina.
Si tú le preguntas a cualquier mototaxista del mundo (creo que solo existimos en Colombia) si está contento o no con su profesión (o mejor, con el trabajito que tiene), el que sea te diría que no. Es que morranear no es pa’ todo mundo mi llave. Ponle tú: te levantas a las 6 de la mañana (bien cansao y quemao del sol del día anterior) a llevar a los pelaos al colegio, luego a la mujer al trabajo allá donde los ricos del norte y a las 6 y media ya estás por la 23 o la Simón Bolívar tirando dióxido de carbono por ahí en busca de cualquier maraña.











