El viejo caserón de paredes gruesas, portones con el chirrido quebradizo de los años y arcones llenos de historia, es ahora su atelier.
Allí vivió su tía Nena Castro; cerca de una ventana desde donde se divisa la Plaza Alfonso López y rodeados de cuadros, esculturas, genialidades, esas que causan espanto en la sociedad timorata de la ciudad, transcurrió nuestra charla, coloquial, triste y por momentos divertida. Celso Castro Daza habla pausado, con una sinceridad abrumadora:
Mary Daza: ¿Su obra es producto de una obsesión fálica?






