El impredecible destino nos sorprende y coloca en situación de inimaginable respuesta ante las diversas situaciones, y aun cuando sabemos de su segura ocurrencia, no podemos asimilar ni saber cómo reaccionar ante ellas. Unas veces lo hacemos con alborozo y alegría, otras con desespero, otras con indiferencia y otras con dolor y lágrimas.
Hoy, ese destino que no podemos ver y no podemos tocar, pero que sabemos que allí está, nos ha colocado ante la realidad de nuestra fe, ante la realidad de nuestra creencia religiosa: el paso a la vida eterna y viaje a la tierra prometida de una gran persona, un gran amigo excelente profesional y chiriguanero auténtico.
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Es, si se quiere, una despedida de ese paso fugaz por el mundo terrenal, pero que no va acompañada de jolgorio, sino del silencio, que solo permite escuchar las lágrimas del alma contrita y el doloroso latido de los corazones. Despedimos a un ser piadoso y creyente que volverá al polvo de donde fue creado a imagen y semejanza del Todopoderoso.











