No hay descanso y el desespero no lo pueden ocultar. Una cascada de contratos se ha desatado a raíz de la destitución del alcalde titular de Chiriguaná, José Carmelo Galiano, y los encargados para reemplazarlo, muy presurosos, dispusieron de recursos de regalías para contratar obras que, según parece, antes de su despedida, el hoy exalcalde ya venía planeando sigilosamente.
Los compromisos adquiridos en campaña había que darles cumplimiento y los de la elección atípica también. Y como los candidatos a la Alcaldía de Chiriguaná no han querido publicar -como debería ser- de dónde salen y la cantidad de los recursos que están invirtiendo, es de suponer que todo sigue igual al pasado y la propuesta de cambio, una falsa ilusión. Continúan las dádivas, regalos, aportes, comidas, compra de “líderes” para capturar votos, en vez de las propuestas de solución a la problemática que atraviesa Chiriguaná, conocida por toda la ciudadanía, menos por ellos que siguen con discursos ya conocidos por su poco contenido. Además de la represión contra la publicidad política, distinta a la campaña patrocinada y apoyada por la administración.
Hay que advertir que las elecciones de octubre de 2023 ha sido la más votada en todo el histórico municipal, alcanzando una participación de más del 70 % y 17.105 votos válidos que refrendaron la mal llamada voluntad popular. La voluntad es un acto de autonomía, cualquier elemento externo que la afecte convierte a la persona en un ser dependiente. La realidad electoral de Chiriguaná nos indica esto último. Ha sido la constante: todos los alcaldes de época reciente han comprado el cargo; los caudales de dinero que invierten y después pagan con el presupuesto municipal son impresionantemente repudiables.











