Por estos días se ha armado una controversia entre los pastores de las iglesias evangélicas por el apoyo político que le brindarán a los candidatos a la presidencia. Unos están con Vargas y otros con Duque y es seguro que los sacerdotes católicos estén con Petro y Fajardo.
Lo lamentable es que los pastores ya tienen sus rebaños listos, amaestrados y adoctrinados para que caminen hacía donde ellos digan. Es decir, los ciudadanos que pertenecen a las diferentes iglesias evangélicas del país son tratados como corderos, obedientes, que no pueden pensar ni opinar y mucho menos contradecir la decisión que tome el pastor de la congregación religiosa.
Lo que yo entiendo es que ninguno de esos colombianos tiene autonomía, el principio de libertad de pensar y actuar no es de su resorte. Incluso esos colombianos no tienen independencia para decidir, son insulsos e inocuos.











