Nada resulta más ridículo que cuando un funcionario público se cree dueño del cargo, sin darse cuenta de que el cargo es prestado; de que, en realidad, se lo confiaron de manera temporal.
Lo único que realmente debe hacer el funcionario con ese cargo es procurar el bien común: ayudar a la gente y sacar adelante la entidad pública en la que trabaja.
Por favor, señores funcionarios que llegan a cargos de libre nombramiento y remoción en entidades del orden nacional, departamental o municipal: no se crean el cargo, no asuman poses arrogantes que no conducen a ningún lugar. Un funcionario en estas condiciones sabe qué día toma posesión, pero nunca hasta cuándo permanecerá en él.










