En Albania, el gobierno ha causado revuelo con el reciente nombramiento de Diella, una inteligencia artificial (IA), como ministra de Contratación Pública. En el contexto gubernamental, como era de esperarse, ha suscitado un intenso debate sobre la viabilidad y las implicaciones de tal decisión. Encargada de gestionar procesos de contratación pública, los resultados fueron sorprendentes: trazabilidad en las decisiones y eliminación de favoritismos. Diella (que significa “sol” en castellano) no tiene amigos, no recibe llamadas, no negocia bajo la mesa. Su lógica es fría y su ética incorruptible.
Colombia ha probado casi todo en su afán por enderezar la contratación pública: nuevas leyes (varios estatutos anticorrupción), más controles, pliegos tipo, SECOP II, veedurías ciudadanas, ventanillas únicas y pactos de transparencia. Y, aun así, los agujeros negros del sistema —sobreprecios, colusión, carteles regionales, redes clientelares— siguen tragándose los recursos que debieron ser escuelas, hospitales o acueductos, entre otros.











