Estamos reunidos no para despedir, sino para celebrar la vida de un ser humano que dejó encendida una luz eterna. Fue de esos seres que convirtieron la vida en un taller permanente: siempre creando, escuchando, encontrando belleza donde otros solo veían rutina.
Nuestro amigo, compañero y hermano; Nicolás “Colacho” Maestre Martínez, artista de la danza, la música y el folclor no solo movía el cuerpo y la mente: sino que movía el alma. Tenía una gran capacidad de transformar el espacio y el tiempo, de recordarnos que la vida también se expresa no solamente con palabras.
Su amor por el arte, la danza, la música, la poesía, sus gestos creativos y el repiquetear de los tambores eran grandes revoluciones que nos recordaban que la sensibilidad también es una fuerza.











