En el vallenato, los guajiros; y en lo político, lo que se cocina en Curumaní. Así lo expresó Cayo Corrales cuando arribé a Urumita en esas correrías de fin de año por La Guajira, motivadas por el emparentamiento con los Zabaleta. Fue el saludo propio del guajiro atento y familiar. Cayo me dijo: “Se va a quedar en la casa de mi sobrino Silvestroncho, yo hoy soy el de seguridad”.
Tras conocer parajes emblemáticos y personajes de raíz popular, al calor de los vinos, Cayo habló con la propiedad que solo tiene el guajiro que ha hecho méritos y sabe lo que vale su voz: “Compadre Eistin, yo sí le tengo fe a los de Curumaní en política. En el Valle, unos pelean a favor de ellos, otros en contra… y si eso pasa allá, imagínese por Aguachica y todos esos pueblos. ¡Mucha vaina buena!”, soltó entre carcajadas.
“Llámese a Christian Moreno, el congresista”, concluyó Cayo con su voz gruesa, “ese hombre es ‘jugao’”. Le respondí que hacía rato no hablábamos. Me dijo: “Llámelo, compadre, yo sé que le contesta”. Lo llamé y le expresé la congratulación del copartidario. Se lo pasé a Cayo, y lo que dijo fue: “¡Hable usted! Dígale que se anime, que yo estoy aquí, soltando una sonrisa de alegría de la gente…”.











