El año 2024 fue nefasto para La Guajira. Cerramos con 466 bloqueos a las vías del departamento y a la infraestructura de Cerrejón. La cifra era tan descomunal que pronto nos ganamos el deshonroso título del departamento más bloqueado del país.
Los bloqueos podían entenderse como el colapso de comunidades con múltiples necesidades y carencias históricas. Cerrando una carretera o la vía férrea lograban, casi de inmediato, que el Estado volteara a mirarlos y que los medios nacionales registraran su causa.
Pero junto a esas demandas legítimas empezaron a aparecer intereses individuales, mezquinos y cálculos políticos oportunistas e incluso razones absurdas. El país entero se enteró, por ejemplo, de un bloqueo tras la muerte de un gallo atropellado por un bus, o del caso de la vendedora de almojábanas en Cuestecitas que bloqueó porque no lograba vender su producto como consecuencia de los mismos bloqueos.











