Se aproximan las nubes llenas de lágrimas y un sentimiento en el alma que me hace buscar el Valle del Cesar. Querido amigo, cuando vengas de Valledupar y cruces la curva del puente Salguero, alcanzarás a visualizar un magnífico pueblo de un pasado triste y glorioso, y con la promesa de un gran destino que Dios le dio. Y de pronto, por allá, alcanzarás a ver a San José, y aún más cerca, un bello pueblo del Cesar que, si lo visitas, no lo vas a olvidar.
Hace tiempo que busco las palabras para expresar este sentimiento de melancolía, concepción y consuelo. ¡Cómo quisiera que los vallenatos volvieran a tener en sus letras el llanto de un pueblo! Pero, lastimosamente, hoy en día todos somos cómplices.
Vivo de ilusiones que me hacen creer que este invierno interminable acabará. Quisiera volver a vivir ciegamente el sentimiento de alegría en diciembre, porque nadie espera al que se ha ido, porque todos están acá. Es que nos ha tocado abandonar nuestra plaza porque no hay dónde poner nuestro talento a funcionar, y al mismo tiempo ver cómo caras nuevas llegan a sembrar en esta tierra prometida. El anhelo de esos hijos que se han ido es volver a vivir un festival de voces y canciones, sentir a San Francisco un 4 de octubre y ver desde el parque de la iglesia un sentimiento pacífico.











