OPINIÓN

El reto es intervenir la Avenida Simón Bolívar sin destruir el comercio local

Lo más trágico de esta situación es que, durante la ejecución de la primera etapa, al menos dos empresarios se suicidaron, ahogados por la presión económica y la incertidumbre generada por los retrasos en la obra.

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El reto es intervenir la Avenida Simón Bolívar sin destruir el comercio local

El reto es intervenir la Avenida Simón Bolívar sin destruir el comercio local

Por: Ricardo

@el_pilon

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Como presidente de la junta directiva de Fenalco, he recibido numerosas llamadas de los 192 establecimientos comerciales ubicados a lo largo de la Avenida 19, entre la glorieta de María Mulata y la glorieta del Pedazo de Acordeón. Los comerciantes están muy preocupados por el anuncio reiterado del inicio de la segunda etapa de las obras de pavimentación, que aunque necesarias, están generando inquietud por la falta de planificación y la experiencia negativa de la primera fase.

La primera etapa de la obra, fue entre el tramo de la glorieta del Terminal y la glorieta de la Ceiba, dejó muchas lecciones no aprendidas. A pesar de las preocupaciones de los comerciantes sobre la falta de socialización, la obra comenzó sin la debida consulta. Además, se eliminó una bahía de parqueo establecida para los comercios, lo que afectó el acceso de los clientes a los negocios. Lo que más nos preocupa es el incumplimiento de los tiempos de ejecución. En la primera fase se estableció un plazo de 15 meses, pero la obra terminó tomando 39 meses y 10 días, generando graves inconvenientes para los empresarios que vieron sus ingresos llevados a cero.

Lo más trágico de esta situación es que, durante la ejecución de la primera etapa, al menos dos empresarios se suicidaron, ahogados por la presión económica y la incertidumbre generada por los retrasos en la obra. Esta realidad refleja el impacto humano y económico de una mala planificación y la falta de acción en momentos críticos. No podemos permitir que este tipo de consecuencias se repitan. La obra no debe ser sinónimo de sufrimiento para los comerciantes que con esfuerzo y dedicación, mantienen a flote sus negocios y sus familias.

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