OPINIÓN

El nombre de Hernando Marín merece respeto

A 26 años de la partida del juglar, su hijo Juan Pablo Marín pide a las autoridades rescatar el buen nombre de Hernando Marín, cuyo legado musical contrasta con la crisis social y de seguridad en la urbanización que lleva su nombre.

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En el vallenato late un corazón que sigue sangrando. Las “Torres de Nando Marín” que llevan el nombre de Hernando Marín Lacouture – aquel juglar que convirtió su opinión en versos y la esperanza en acordes- hoy resuenan con ecos de metralla en lugar de acordeones, distando del pensamiento de un hombre que hizo de adversidad una historia musical. ¿Cómo llegamos a este desgarro cultural donde el homenaje se convierte en afrenta?

“Yo quiero cambiar la guerra por paz y amor”, imploraba Hernando en su icónico ‘Canta conmigo’, un himno a la reconciliación donde la guitarra se hace puente entre los desgarrados. Esta obra no es simple entretenimiento. Es pedagogía de paz con ritmo de paseo. Marín demostraba que el arte verdadero no huye de la realidad: la transforma con belleza.

Hoy, 26 años desde la partida de mi padre, las torres que llevan su nombre se han convertido en espejo de la fractura social, donde debería haber alegrías compartidas hay riñas con machetes (El Pilón, 2025).

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