¿Quién tiene la culpa cuando el caos vehicular invade las calles de Valledupar? Es tentador, casi instintivo, culpar a las autoridades de tránsito. Señalar a la Secretaría de Tránsito como la raíz de todos los males parece un ejercicio sencillo, pero profundamente injusto. ¿Nos hemos detenido, como sociedad, a reflexionar sobre nuestro propio comportamiento frente al volante?
Valledupar es una ciudad donde los conductores parecen haber adoptado una peligrosa costumbre: convertir las normas de tránsito en meras sugerencias. Los semáforos en rojo no detienen a los vehículos, las vías peatonales son invadidas sin reparo, los parqueos en zonas prohibidas son una constante, y las luces de los vehículos parecen ser opcionales, incluso al caer la noche. Este escenario, más que una simple lista de infracciones, es el reflejo de una crisis insondable de cultura ciudadana.
Culpa compartida, responsabilidad ignorada.
Es cierto que las autoridades de tránsito tienen su cuota de responsabilidad. Los vacíos en la señalización, la falta de pedagogía constante y, en ocasiones, los excesos de poder o la corrupción, alimentan la percepción de desorden. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos como ciudadanos es mucho más incómoda: ¿estamos haciendo nuestra parte para que las calles sean seguras y organizadas?











