Asistir a la misa del Santo Eccehomo en Valledupar fue un momento que me tocó profundamente. Ver la fe de la gente, escuchar al obispo hablar sobre el servicio, la humildad y la historia de Jesús cuando fue juzgado por Pilatos, me hizo pensar en muchas cosas. El mensaje era claro: no se trata solo de palabras o creencias, sino de actos. De servir al prójimo, de vivir con empatía y humildad.
Hoy en día, pasamos mucho tiempo intentando que la inteligencia artificial se parezca a las personas y confiamos en que la tecnología nos ayude en todo. Y sí, tener herramientas que nos apoyen es valioso. Pero no podemos olvidar lo más importante: lo humano. Servir, entender al otro, actuar con amor y solidaridad. Eso no lo puede reemplazar ninguna máquina.
Hablamos con una soltura sorprendente de “humanizar” la tecnología. Queremos que la inteligencia artificial sea más cercana, más conversacional, que entienda nuestras emociones, que nos sirva mejor. ¿Y nosotros? ¿Dónde hemos dejado nuestros propios actos humanos?










