Contentos estamos por el triunfo del equipo en el Mundial de Brasil. La satisfacción es justificada. Colombia ha recuperado en el deporte éxitos sin par en los últimos años. En los juegos olímpicos, en los certámenes ciclísticos y el pase al Mundial de fútbol después de 16 años de ostracismo.
Es el resultado de la dedicación de nuestros jóvenes deportistas, del compromiso de los dirigentes, del apoyo de la empresa privada y del gobierno nacional. Una muestra de la mejora de Colombia y el avance de muchos sectores sociales que antes no disponían de suficientes ingresos es que los jugadores se sintieron en el partido en Brasil como si lo hicieran en Barranquilla por el acompañamiento de tan numerosa hinchada que se trasladó al gigante país vecino. En otras épocas pocos colombianos se hubieran hecho presentes, y sin desconocer que la gran mayoría aun no tiene las posibilidades de esos nacionales, es prueba de que empezamos a ser un referente a nivel internacional por la fuerza de la economía, la buena política exterior, la honestidad y gentileza de sus ciudadanos, y los éxitos deportivos.
Ese orgullo patrio será mayor cuando se acerca la paz, el narcotráfico deja de ser un producto exclusivamente colombiano, nos integramos a grandes redes de comercio y organismos internacionales y se anuncia para el 2015 el levantamiento de visas al continente europeo.
Es un llamado a las autoridades locales para redoblar apoyo a nuestros deportistas, promover las disciplinas. De hecho ya están en construcción escenarios como el Estadio; y la Villa Olímpica, los parques barriales y el Coliseo se recuperarán de su estado de postración, pero requerimos una atención diaria y meticulosa, como hacen las ligas deportivas en otras latitudes.
El orgullo nuestro, el orgullo vallenato, de nuestra región de Cesar y Guajira, será mayor si hacemos de la jornada democrática de hoy un evento consciente en que el ciudadano escoge la mejor opción para la Presidencia de la República. Mucho está en juego en estas elecciones. Mientras los candidatos en la política económica y social tienen aparentes similitudes, matizadas por diferencias que no son de fondo, hay un punto que sí es trascendental: si Colombia acelera La Paz, este acontecimiento tendrá incidencia nacional e internacional tan decisoria, que el orgullo y el reconocimiento internacional a los colombianos se multiplicará y los inmensos recursos destinados hoy a la guerra serán aplicados a usos sociales, de educación y formación para el trabajo, salud y deporte, desarrollo del campo y de las nuevas tecnologías y de infraestructura, y habrá eficaz acción estatal contra las bandas criminales y la inseguridad en las calles. La Paz será la gran Revolución colombiana del presente siglo.
Volviendo a Brasil: mientras este país, que posee ocho veces más territorio, y cinco veces más población que Colombia, dispone de 350.000 militares. Colombia ha constituido una fuerza de 550.000 efectivos. Esa comparación muestra cuánto vale la infernal guerra, sin mencionar lo más costoso: la vida y tranquilidad de miles de ciudadanos. Cambiar esto depende de una decisión histórica como a la que se nos invita hoy domingo, día de elecciones presidenciales.
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Contentos estamos por el triunfo del equipo en el Mundial de Brasil. La satisfacción es justificada. Colombia ha recuperado en el deporte éxitos sin par en los últimos años.
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