EDITORIAL

Votar en paz

Votar es necesario. Hay decepciones, pero también hay mejoras en la vida democrática. Como se dice, la democracia, – y sus de instituciones-, es el peor sistema de gobierno, después de todos los demás. Es preferible la decepción que da la democracia que el horror de las tiranías. Después de una aburrida campaña las aguas […]

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Votar es necesario. Hay decepciones, pero también hay mejoras en la vida democrática. Como se dice, la democracia, – y sus de instituciones-, es el peor sistema de gobierno, después de todos los demás. Es preferible la decepción que da la democracia que el horror de las tiranías.

Después de una aburrida campaña las aguas se agitaron, pero más por los sucios aguaceros que por la diamantina claridad del debate. El país se sorprendió por los cambios en las encuestas, una fotografía del ánimo de los ciudadanos; una semana ya no disputaría a Santos su paso a la recta final Peñalosa sino Zuluaga; otro, en los justos momentos en que entraba la prohibición, según las normas electorales, de la difusión de encuestas, le cayó la gota fría a Zuluaga, con un grave escándalo que lo comprometió dando explicaciones públicas de por qué contribuía a sabotear al proceso de paz y la campaña rival. Su patrocinador, Uribe, ripostó y aprovechando una declaración de un narco capturado en Estados Unidos de que había pagado una suma millonaria por presentar una propuesta de sometimiento a la justicia, que fue rechazada por el ejecutivo, lanzó la especie de que ya elegido éste, un déficit de la campaña había sido cubierto por el asesor J.J Rendón con dinero proveniente de aquella suma. Uribe no dio pruebas a la Fiscalía y tampoco las hizo públicas.

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