Apoyamos las buenas iniciativas y esta es una: convertir a Valledupar en un "destino turístico, cultural y musical", propósito en el que se encuentra la ciudad con el apoyo del ministerio del ramo. Pero repetimos: los buenos propósitos deben tener instrumentos para lograrlos. Ya nos pronunciamos sobre la loable idea de crear una institución que promoviera nuevas inversiones como ProValledupar. Del dicho al hecho hay mucho trecho. En eso que fue un anuncio no se ha avanzado mucho.
La responsabilidad de operar ProValledupar es de la misma Oficina de Planeación que funge liderar el establecimiento y reconocimiento de la marca.
Hacemos dos observaciones: una marca se entiende más que por su slogan o logo, por sus atributos, y mientras la marca es un intangible son las características que están detrás, que subyacen a ella, las que le dan vida. Esfuerzos hacen reconocidas empresas, organizaciones y sitios por darle vida a su posición pública. Pero si se tiene una sonora marca de una bebida y esta no gusta, la calidad del líquido deja mucho que desear y su proceso de elaboración es deficiente, aquella se derrumbará. Las más universales marcas de ropa han sufrido reciente percance pues con la tragedia en Bangladesh, país en el que suelen producir por sus bajos costos, ha quedado al descubierto que fabrican por trabajadores, menores incluidos, que operan en condiciones infrahumanas. Igual sucede con las naciones y ciudades; si la realidad que esconden no es fuerte y positiva, su imagen se echa a perder.
