EDITORIAL

Sociedad, terrorismo y medios de comunicación

El terrorismo es uno de los problemas más complejos de la sociedad moderna, comenzando por su definición que tiene unas connotaciones muy amplias y – por lo mismo- es utilizado de una u otra manera, por distintos actores políticos en varios países del mundo. Se considera, en términos generales, como terrorismo, el uso de la […]

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El terrorismo es uno de los problemas más complejos de la sociedad moderna, comenzando por su definición que tiene unas connotaciones muy amplias y – por lo mismo- es utilizado de una u otra manera, por distintos actores políticos en varios países del mundo.
Se considera, en términos generales, como terrorismo, el uso de la violencia para imponer determinadas ideas políticas, religiosas, filosóficas o de otro tipo a una sociedad, a una comunidad o parte de ella. Estados Unidos en varias ocasiones había sentido el terrorismo, contra varios de sus ciudadanos, en distintas partes del mundo, principalmente en sus embajadas en el Medio Oriente, en África, Asia y Europa.
Pero, para el ciudadano medio norteamericano el terrorismo era un problema de otros, era un tema lejano que algunas veces era registrado por sus noticieros de televisión.
La historia cambió el 11 de septiembre de 2001, cuando fueron destruidas las simbólicas “Torres gemelas” de Nueva York, centro del capitalismo norteamericano y mundial, con dos aviones manejados por verdaderos suicidas; otro avión atentó contra El Pentágono; y se afirma que otro iba dirigido hacia la Casa Blanca, sede de la Presidencia de ese país, y se especula, aún hoy, que existían otros blancos de este grave y espectacular atentado terrorista.
El gobierno de George Bush señaló, rápidamente a Osama Bin Laden, como el autor de los atentados, inició, desde entonces, su búsqueda en Afganistán y una lucha también contra Saddan Hussein, en Irak, como también señaló a otras organizaciones políticas  y gobiernos de Corea, Libia, entre otras. Fue una lucha multinacional contra el terrorismo, apoyada por la mayoría de los países de Europa y también la gran mayoría de gobiernos de América Latina, incluyendo el de Colombia, bajo la Presidencia de Álvaro Uribe Vélez.
En ese orden de ideas, es comprensible que la muerte de Osama Bin Laden, se presente como una “buena noticia” para la sociedad norteamericana; pero aún hay muchos interrogantes sobre la forma en que murió este sujeto y mucha incertidumbre sobre las implicaciones del hecho.
Hay bases para un optimismo moderado; le ayuda mucho al Presidente Barack Obama y fortalece su aspiración a una reelección. Pero, de allí a considerar que los norteamericanos podrán dormir, ahora, más tranquilos hay un trecho grande.
La organización Al-qaeda seguirá operando en su área de influencia y – sin lugar a dudas- seguirá acosando a Estados Unidos y a sus nacionales, en cualquier lugar del mundo donde considere que tienen oportunidad de hacerlo. Esa misma premisa se aplica a otras organizaciones que tienen a EEUU como su enemigo.
El dilema para EEUU, ahora, está en el tema de las comunicaciones; si no publica las fotos y videos de la muerte de este personaje, quedará por siempre la duda razonable del hecho. Pero si las publica lo puede victimizar y convertir en un héroe, inclusive, por su lucha contra el imperio.
Y en este tema si que tenemos mucha injerencia los medios de comunicación, que muchas veces somos caja de resonancia de las organizaciones terroristas en sus intenciones de causar pánico a toda una sociedad. No es nada fácil el dilema para el gobierno de Obama, pero lo que si es cierto es que Estados Unidos debe seguir igual en sus alertas, tanto en su territorio y como en sus embajadas, frente a eventuales reacciones de organizaciones terroristas internacionales que siguen considerando a ese país como “el imperio del mal”.
Los hechos del 11 de septiembre de 2001 ratificaron que ningún país del mundo, ninguna sociedad por rica y organizada que sea está exenta del terrorismo.  Y esta dura realidad también opera para Estados Unidos.

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