Haga ruido y déjese oir, exhíbase y será visto, es la consigna del lanzamiento de la producción de Silvestre Dangond. Silvestre, en la acepción gramatical, se define como salvaje, rudo, que vive entre la naturaleza. Pareciera hacerle un homenaje a ese estereotipo la estrella musical al mostrarse representando una batalla con soldados de gafas oscuras y enormes armas, como los caines de la televisión, lo cual no se puede explicar sino por un propósito no solo del cantante y su equipo como de los patrocinadores, grandes y respetables marcas, que no quieren perder oportunidades comerciales. Las guerras y sus símbolos venden, aunque en nuestra región los fantasmas de los últimos años de violencia de grupos armados ilegales, nos generan escozor. Lo sabían los publicistas para mayor impacto.
A Silvestre cualquier crítica le parecerá un comino, porque en sus entrañas y en sus éxitos, como en la de muchas estrellas, se tiene la conciencia de que eso gusta, de que de eso se vive, rico por supuesto,y por eso se es importante. El artista se debe a su público y a éste, en los tiempos modernos, le gusta el espectáculo y el afán del entretenimiento. Por llamar la atención diferenciándose o porque estaba en sus genes geniales así de singulares, en diferentes escenarios, han sido Diomedes Díaz , Madonna y Michael Jackson.
De hecho en el Festival ya no hay parrandas sino fiestas, poco se escucha y mucho se baila, poco se conversa y mucho se grita, en medio de los amplificadores. Valen más las presentaciones de cantantes latinos y de los artistas nuevos del vallenato, con numerosos instrumentos, equipos de sonido y luces, que la tradicional de acordeón, caja y guacharaca.
