Ahora que pasó la temporada política que finalmente dejó como presidente reelecto a Juan Manual Santos con una apuesta concreta para la consecución de la paz, vuelve la cotidianidad social y económica de las comunidades. Aunque siempre existan distractores o mantos que de alguna manera tapan la realidad que ocupa y preocupa a la población y autoridades (ahora el Mundial de Fútbol Brasil 2014), es nuestro deber mantenerla vigente y presente en las agendas de las instituciones y entidades respectivas.
Así como en nuestras páginas se denunciaron las llamadas ‘tardeadas’, que generó la reacción en cadena de las autoridades, ahora nos corresponde visibilizar un nuevo problema: la venta en las puertas de los colegios y sus alrededores de las llamadas ‘pastillitas’ de la felicidad, que son una mezcla de medicamentos restringidos, de uso exclusivo para pacientes bajo atención siquiátrica o con otras enfermedades que requieren medicamentos de control.
Este problema que en realidad no es tan nuevo, porque ya la Policía de Infancia y Adolescencia lo conoce, vuelve a prender las alarmas sobre lo qué está pasando con la juventud, incluso con la niñez vallenata. Son menores de edad, entre los 11 y los 18 años, los que están entrando a un mundo de no retorno si no se toman los correctivos a tiempo. Esta es la puerta de entrada a las drogas sintéticas que no son catalogadas como estupefacientes, lo que hace más difícil su control.
