Medellín, entre más de 200 ciudades, luego 25 y al final 3, ha sido escogida la ciudad más innovadora del mundo. Al final derrotó a Nueva York, llamada capital mundial, y a Tel Aviv, creativa capital de Israel. Felicitamos a su gente, a sus autoridades, a esos paisas que también han contribuido, con el emprendimiento que los caracteriza, a nuestros municipios. No pocos viven acá, pero guardan en el corazón ese afecto por la “bella villa” y el deseo, sino de volver a residenciarse en ella, de volver a vivirla. Es lo que sueña media humanidad con caminar por las calles de Nueva York, o de esa comunidad universal de judíos de hacerlo por Tel Aviv.
Es el afecto al terruño, el amor por los antepasados, la fuerza de la raza o la admiración por el progreso. Es también la voluntad que, en medio de lúgubres estigmatizaciones, resucita la templanza para el bien y para lavarse la cara y de qué manera. Es lo que ha hecho Medellín que, aún con violencia en barrios marginales, se erige como una ciudad de clase mundial.
