La margen derecha del río Guatapurí ha sido caballito de batalla durante años: de los invasores, de los gobiernos de turno, de los políticos y de los avivatos que han encontrado un negocio en entrar como familias destechadas y salir con viviendas, que luego arriendan para volver al lugar de siempre, convirtiéndose en un círculo de vicioso.
La cuenta de las millonarias inversiones que se han hecho para recuperar la margen derecha del río Guatapurí, para acabar con las invasiones llenas de cambuches que sufren los estragos del invierno y que llaman la atención por su vulnerable situación, se ha perdido. Ya no se sabe cuánto se ha invertido, solo que se ha invertido mucho y las cosas siguen igual.
La comunidad de Valledupar ha visto como han sacado a cientos de familias con rumbo a casas dignas en urbanizaciones como Populandia, Mareigua o El Edén, y aún sigue el mismo número de familias viviendo en los barrios de la margen derecha en los barrios Nueve de Marzo, Pescaíto, Porvenir, Zapato en Mano, Canta Rana, entre otros. Una zona que se ha convertido en el aposento de miles de personas que llegan a la capital cesarense en busca de una oportunidad y la única opción que encuentran es irse a vivir a la margen derecha del río, en la extrema pobreza, rodeados de delincuencia, drogadicción y hambre, pues saben que de ahí saldrán para casa propia. Es un cuento de nunca acabar. Un círculo vicioso en el que caen todos, avalados por los gobernantes que no han tenido la suficiente entereza para acabar con esta situación enquistada por décadas.
