Una gran oportunidad representa para Colombia su presentación ante la bolsa de Nueva York, con la apertura de la jornada bursátil de ayer realizada por el Presidente Juan Manuel Santos Calderón, y en la bolsa de Londres, el principal centro financiero y bursátil, por medio del Presidente de la Bolsa de Colombia, Juan Pablo Córdoba.
La apertura de la bolsa de Nueva York, la legendaria Wall Street, considerado el templo del capitalismo, tiene una gran significación en los negocios y en las finanzas en Estados Unidos y el mundo, es noticia del día en la prensa económica y financiera, y representa un símbolo de confianza en la economía de un país, en este caso el nuestro.
El Presidente Santos Calderón, además, se reunió con un importante grupo de inversionistas americanos interesados en Colombia, y visitó las salas de redacción de los diario The New York Times y The Wall Street Journal, lo que representa un buen referente en la construcción de una imagen positiva para el país.
Y en efecto Colombia tiene mucho que mostrar de su economía y que ofrecer al mundo, en materia de negocios, comercio e inversión. En primer lugar, una gran estabilidad política, una democracia estable y sólida, una gran estabilidad, también en materia macroeconómica, con una tasa de crecimiento cercana al 5 por ciento, una inflación bajo control y baja, y condiciones de garantía y rentabilidad para la inversión extranjera, al mismo nivel de Chile, Brasil o Perú.
La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC), entre Colombia y los Estados Unidos, sumada a la realización de la Cumbre de las Américas en Cartagena, constituye un sendero positivo para la política de relaciones y comercio exterior del país.
Cuando en el resto del mundo la incertidumbre es la tendencia general, principalmente en Europa, mercados como Colombia, con unas cifras atractivas se presentan como una buena alternativa dentro de los denominados mercados emergentes. Este es un hecho positivo para el país y así hay que reconocerlo y resaltarlo.
No obstante todo lo anterior, el equipo del gobierno del Presidente Santos, y el sector privado nacional y regional, deben tener siempre presente que falta aún mucho por hacer en materia de reformas económicas y políticas públicas para hacer de Colombia una economía más grande, más competitiva y equitativa.
Entre esos asuntos pendientes está el tema de la agenda interna: el regazo en materia de infraestructura, principalmente vías regionales y nacionales, las mejoras en puertos y aeropuertos para tener una logística acorde con esa economía internacional cada vez más competitiva y agresiva. Pero también, en el plano de formación de capital humano, educación y capacitación laboral, es mucho lo que falta y en este tema el esfuerzo tiene que ser un propósito nacional, que involucre el Sena, a las universidades y a todo el sistema educativo. La reforma tributaria, la pensional y la lucha contra la pobreza y la inequidad, también hacen parte de esa agenda de pendientes, en los cuales debe trabajar con ahínco el Presidente Santos y su equipo en los próximos dos años, independientemente de que aspire a la reelección o no. Es un tema de responsabilidad histórica, que debe ir más allá de esos dividendos políticos de mediano plazo. Hay que hablar de las luces, pero también de las sombras que se ciernen sobre la economía nacional que tiene, insistimos, argumentos para mostrarle al mundo.
