EDITORIAL

Los vallenatos están sordos

Valledupar sigue como una de las ciudades con mayor contaminación auditiva en la Costa Atlántica. La sinfonía de pitos en sus calles (tanto motocicletas como carros), el grupo de bafles ubicados en la mayoría de los almacenes de la zona comercial para llamar la atención de los clientes y la música a alto volumen en […]

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Valledupar sigue como una de las ciudades con mayor contaminación auditiva en la Costa Atlántica. La sinfonía de pitos en sus calles (tanto motocicletas como carros), el grupo de bafles ubicados en la mayoría de los almacenes de la zona comercial para llamar la atención de los clientes y la música a alto volumen en todos los sectores, hacen que esta sea una ciudad con un alto nivel de ruido.

Atrás quedaron los anuncios de ponerle control a la contaminación auditiva. Hace unos meses la administración municipal supervisó y trató de controlar el excesivo ruido los pick-up, que funcionó unos días, mientras hubo presencia de la autoridad, pero después volvió todo a la normalidad: el ruido.

En Valledupar no se hace cumplir el deber constitucional que establece los derechos colectivos y del ambiente, relacionados con las garantías que deben brindar las autoridades a los ciudadanos el goce de un ambiente sano, y textualmente dice la norma máxima “que la ley garantizará la participación de la comunidad en las decisiones que puedan afectarlo, y además deberá prevenir y controlar los factores de deterioro ambiental, imponer las sanciones legales y exigir la reparación de los daños causados”.

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