EDITORIAL

Los desafíos del Ministro y de la Rama Judicial

Como una noticia positiva se ha recibido en el país la creación de los nuevos ministerios, que surgen de la escisión del Ministerio del Interior y de Justicia; del de Protección Social, y del Minambiente. Se trata, en últimas, de corregir una de las peores medidas del gobierno de Álvaro Uribe en materia de la […]

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Como una noticia positiva se ha recibido en el país la creación de los nuevos ministerios, que surgen de la escisión del Ministerio del Interior y de Justicia; del de Protección Social, y del Minambiente. Se trata, en últimas, de corregir una de las peores medidas del gobierno de Álvaro Uribe en materia de la organización del Estado colombiano.
El país había perdido mucho con la fusión de los anteriores, el Ministerio del Interior, encargado de la política, con el de Justicia. El tema de la política, principalmente las relaciones con el Congreso de la República, con los gobernadores y los alcaldes copaban la agenda y la atención del ministro, en detrimento de los de la rama judicial y la administración servicio público ( y derecho) intrínseco a la razón de ser del Estado, como es la debida y pronta justicia.
Y con gran expectativa ha sido recibido el nombramiento del abogado, Juan Carlos Esguerra Portocarrero, como nuevo Ministro de Justicia. Se trata de un destacado jurista, egresado de la Universidad Javeriana, con varias especializaciones, profesor de varias universidades,  ex ministro de Defensa del gobierno del Presidente Ernesto Samper Pizano y ex constituyente en el Movimiento de Salvación Nacional que presidió el inmolado líder conservador, Álvaro Gómez Hurtado.
Son grandes, sin lugar a dudas, los retos que tiene el Gobierno Nacional – y en particular el nuevo ministro-, en materia de administración de justicia. En primer lugar, organizar el nuevo ministerio con el debido perfil y la fortaleza institucional suficiente para manejar muchos temas, y todos de ellos importantes y complicados.
Esguerra Portocarrero va a necesitar mucho más que sus conocimientos y su gran experiencia para poner a andar la nueva cartera, en mala hora fusionada. Desde antes de su posesión, inclusive, al nuevo Ministro le tocó comenzar a trabajar con un tema que es un verdadero “chicharrón”, como se dice en el argot popular, como es la reforma a la rama judicial.
Menos mal que el Ministro Vargas Lleras lleva bien adelantado el documento base de trabajo para una reforma de esa envergadura. Nos consta que el gobierno no está improvisando en esta materia, en la anterior Convención Bancaria, realizada en Cartagena, el Ministro del Interior hizo un esbozo de los principales ejes de la misma.
El Ministro Esguerra Portocarrero tendrá que volver a tender unos buenos puentes entre el Ejecutivo y toda la rama judicial, como también buscar en el Congreso de la República un buen ambiente para la ambiciosa reforma que se prepara;  y lograr que la ciudadanía, en general, vuelva a recuperar la confianza en la administración de justicia.
El Minjusticia y toda la rama judicial, en su conjunto, tienen que volver a hacerle sentir a los colombianos que están haciendo lo propio para ayudar a combatir la delincuencia y la corrupción. Aplicar y hacer cumplir la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, sobre la cual hay tantas expectativas.
Otro tema cadente que tendrá que afrontar el nuevo ministro es de la congestión de los despachos judiciales, que hace más lentos los procesos y muestra lejana, ineficiente y paquidérmica la administración de justicia. En todas las áreas de la justicia: el derecho penal, civil, laboral, administrativo, etc, se requiere una mayor celeridad en los procesos y una mayor rapidez en las decisiones, sin afectar, obviamente, el debido proceso ni las garantías que el Estado debe ofrecer a las partes. Algunos hablan, inclusive, de la necesidad de decretar una emergencia judicial, para nombrar personal provisional para evacuar el cúmulo de procesos que existe hoy en día. La demora en la administración de justicia es otra forma de injusticia.
Y capítulo aparte nos merece el tema de las cárceles. Ese es otro de los grandes retos que tiene el nuevo Ministro, y el gobierno en general. Nuestros centros carcelarios, como es el caso de las que tenemos acá en Valledupar, están lejos de ser centros de resocialización y rehabilitación, y – por el contrario- se han convertido en verdaderos centros para delinquir.
De ese tamaño son los grandes desafíos que tendrá que afrontar el gobierno, y en particular el nuevo Ministro, con el apoyo de toda la rama, para volver a recuperar la confianza de los colombianos en su justicia, hoy afectada por tantos problemas.

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