Lo que pasó hace exactamente un año (16 de febrero de 2013) cuando en el municipio de Codazzi, norte del Cesar, una mujer tomó la fatal decisión de suicidarse, pareció un caso más de tantos que ocurren en el departamento. Sin embargo, era la puesta en escena de la tragedia de una víctima de violencia sexual que vivió y padeció los estragos de la guerra, a tal punto que decidió acabar con su propia vida.
Pero no fue la muerte de cualquier víctima. Era Angélica Bello, la líder de las víctimas de la violencia sexual en Colombia, una mujer defensora de derechos humanos que se refugió en Codazzi, huyendo de la violencia que la sacó de su tierra natal para recorrer media geografía nacional, tratando de olvidar las aberraciones que ella y sus hijas vivieron. Su muerte fue el estímulo de otras mujeres que en una mezcla de valor y miedo, siguen trabajando para ayudar a las mujeres víctimas de los crímenes cometidas por los grupos guerrilleros y paramilitares en el Cesar, especialmente en las zonas de Codazzi, Becerril, La Jagua de Ibirico, Valledupar, entre otras.
Por obvias razones, sus nombres no se pueden revelar, los victimarios siguen sueltos y pueden aparecer en cualquier momento. Lo importante aquí es que después de doce meses de haber ocurrido ese infausto momento, que dejó sin fuerza de lucha a sus compañeras de la Fundación Defensora de los Derechos Humanos de la Mujer (Fundhefem), que sintieron que ahí terminado todo, su trabajo por el que luchó, sigue. Su legado continua y con mayor ahínco, porque las víctimas de los delitos basados en género, como los cataloga la Ley de Justicia y Paz, han comenzado a contar sus casos, aunque la mayoría sin denunciarse.
