EDITORIAL

Las FARC no están jugando…

Ha causado, como es lógico, dolor, indignación y rabia el hecho en el cual fallecieron once uniformados del Ejército Nacional, presuntamente por un ataque de las FARC, en el departamento de Arauca. Es lamentable que mueran unos muchachos jóvenes, soldados regulares con poca experiencia a manos de guerrilleros veteranos que conocen bien las zonas donde […]

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Ha causado, como es lógico, dolor, indignación y rabia el hecho en el cual fallecieron once uniformados del Ejército Nacional, presuntamente por un ataque de las FARC, en el departamento de Arauca.
Es lamentable que mueran unos muchachos jóvenes, soldados regulares con poca experiencia a manos de guerrilleros veteranos que conocen bien las zonas donde opera y que tienen muchos factores a su favor para dar estas desagradables sorpresas a las Fuerzas Armadas y al país, en general. Pero, esa es la guerra…
Por supuesto que rechazamos estos hechos, que pueden tener muchos elementos de terrorismo y reiteramos nuestra posición vehemente en contra del accionar de las FARC, que habla de propuestas de negociación mientras persiste en la guerra.
A lo que no hay derecho es a que algunas instituciones y funcionarios públicos se rasguen las vestiduras ante un hecho tan lamentable. Claro que no es un hecho de guerra, ya que no fue en combate y estos pobres muchachos fueron sorprendidos por los sediciosos, pero no nos podemos tampoco llamar a engaños y debemos reconocer y advertir que las FARC no están jugando. Ellos están apostándole a ganar posiciones y espacio en un conflicto armado, conflicto que algunos se niegan en reconocer.
Este hecho lamentable de Arauca, viene a sumarse a la situación vivida recientemente en el Cauca, y luego en el Chocó, pero tienen que comprenderse y analizarse en esa estrategia de las FARC de combinar todas las formas de lucha, como ellos mismos reconocen: hablar de paz, pero hacer la guerra.
Los hechos antes mencionados ratifican que el Estado no puede bajar la guardia y que el Ejército Nacional, independientemente de los vaivenes de la política, tiene que estar preparado para seguir la guerra prolongada frente a esa agrupación subversiva. Y para ellos hay que reiterar que a las zonas de mayor peligro hay que enviar son soldados profesionales, bien entrenados y con la experiencia suficiente para hacerle frente al enemigo reconocido.
El Estado y el país deben evaluar bien la distribución de esos recursos humanos que hoy están en las FFMM. Por supuesto que es clave proteger la infraestructura energética y minera, pero esto no se puede hacer dejando de lado el principal objetivo: la derrota militar de las FARC.
La situación del Estado colombiano bien amerita aumentar el pie de fuerza de soldados profesionales, principalmente para destinarlos a las zonas de orden público y no enviar allá a soldados inexpertos y recién incorporados.
Obviamente, en momentos como estos el país debe rodear al Ejército Nacional, y brindarle las garantías jurídicas necesarias para su actuar, de manera ofensiva, y alejar y combatir el famoso “síndrome de la Procuraduría”, como se dice popularmente, que desestimula la tropa que muchas veces prefiere quedarse a la defensiva y no actuar, por temor a verse involucrados en hechos que mañanas se traducen en investigaciones injustificadas en su contra.
Por supuesto, no se trata de volver al inefable capítulo de los falsos positivos, reprochables y de ingrata recordación; pero la actitud elemental del Ejército Nacional y de las Fuerzas Militares – en su conjunto debe ser a la defensiva, ojalá con una legislación clara que garantice su legítimo accionar. Las FARC no están jugando…

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