Frente a la muerte del presidente Hugo Chávez, que enluta al pueblo venezolano y a buena parte de Latinoamérica, no es fácil encontrar palabras adecuadas para representar lo que fue su trayectoria y aún es prematuro para calcular lo que habrá sido su impacto sobre esta y futuras generaciones. Podemos anticipar que, al igual que Perón, generaciones de venezolanos abrevarán en su fuente política y partidista.
Fue un hombre controvertido, controversial, fortalecido por ingentes recursos financieros – su periodo coincidió con más de una década de altos precios del petróleo- y una férrea voluntad, que quiso hasta desafiar la muerte cuando hace pocos meses hizo una estresante campaña presidencial, a la par de un joven adversario, al que derrotó. Su liderazgo logró escala universal, generó una corriente latinoamericana afín, y estuvo activo con su presencia para hacer proselitismo regional o para ayudar económicamente a países vecinos. En un momento crucial para la Argentina, cuando nadie daba un peso por sus bonos soberanos, extendió su mano generosa y contribuyó a su recuperación. Apoyó a los países de Centroamérica y el Caribe, en especial Cuba, con el que hizo trueque de médicos y maestros por combustible y fue el más generoso contribuyente a la recuperación de Haití después de tremendo terremoto. Su largueza llegó al punto de dar subsidios especiales a los damnificados de Nueva Orleans, después del paso del huracán Katrina. Las miles de estaciones de servicio de Citgo, la empresa de distribución del estado venezolano en los Estados Unidos, facilitaron su tarea en las entrañas del monstruo que tanto atacó.
