EDITORIAL

La lucha sigue…

Afirmábamos recientemente en estas mismas páginas, que el país no debía hacerse ilusiones en la lucha contra la guerrilla de las FARC y que – por el contrario- el Estado y la sociedad colombiana deben prepararse para afrontar un conflicto de menor intensidad, pero cuyo capítulo final aún no ha terminado. La política de seguridad […]

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Afirmábamos recientemente en estas mismas páginas, que el país no debía hacerse ilusiones en la lucha contra la guerrilla de las FARC y que – por el contrario- el Estado y la sociedad colombiana deben prepararse para afrontar un conflicto de menor intensidad, pero cuyo capítulo final aún no ha terminado.
La política de seguridad democrática ejercida durante los ochos años del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, efectivamente ayudó a combatir a la subversión de manera radical y – sin lugar a dudas- a reducir su capacidad de perturbación; no obstante, la guerrilla de las FARC aún no está derrotada, desde el punto de vista militar, a pesar de su caducidad desde el punto de vista político.
Pero hechos como el carrobomba en el centro de Maicao, (Guajira) cerca a la Estación de Policía, que dejó el saldo trágico de tres muertos, entre ellos dos menores de edad; y la acción de la guerrilla en la vía entre Becerril y Casacará, en el Cesar, sumados a otras acciones registradas en otras zonas del país, son señales inequívocas de la guerrilla sobre su persistencia y su capacidad relativa de perturbación.
Y a pesar del rechazo que deben producir en todo el país y toda la sociedad colombiana, son coherentes con los primeros mensajes de Timochenco, que hacen prever que se mantendrá el enfoque militarista en una organización que se resiste a leer los cambios en la economía y la política mundial y nacional.
En ese contexto, departamentos como el Cesar y la Guajira requieren una mayor atención por parte del gobierno nacional, en materia de seguridad. Desde hace varios meses, se han levantado algunas voces de alerta advirtiendo sobre la presencia de la guerrilla en algunas zonas y el problema de la extorsión por parte de otros grupos armados ilegales, principalmente las llamadas bandas criminales, pero estas voces no han sido escuchadas.
Cesar y Guajira por ser departamentos fronterizos, tener una geografía tan compleja y ser zona de paso para el contrabando de combustibles, el lavado de dinero, y los rezagos de la violencia, requieren una atención prioritaria.
En esta región del país, se requiere mayor presencia militar y en particular en el Cesar, como bien lo ha dicho el gobernador Cristian Moreno, fortalecer el Batallón de Alta Montaña, para hacerle frente al narcotráfico, al microtráfico y la guerrilla.
La actitud de las FARC no dan margen sino para seguir en la opción del combate militar, seguir con el pulso firme, más inteligencia, aumento del pie de fuerza e impedir a las FARC recuperar territorios que perdió y seguirla acorralando en las zonas más apartadas, donde no puedan hacerle daño a los sectores más estratégicos e importantes de la economía y la vida nacional. Como dice el mismo grafitti de la guerrilla, en algunos carros en la acción de Becerril, la lucha sigue…

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