El movimiento de los indignados, que cada día crece más en apoyo en distintos países de Europa y también en los Estados Unidos, ha movido a la Iglesia Católica a manifestarse sobre la actual crisis financiera y el futuro de la economía mundial.
En efecto, días antes de la cumbre del G-20, el Vaticano produjo un interesante documento en el cual critica el egoísmo, la avidez colectiva y acaparamiento de bienes a gran escala, que ha desechado la búsqueda del bien común y pone en riesgo, inclusive, el proceso de globalización de la economía.
La Iglesia advierte, igualmente, sobre los grandes desequilibrios de las economía mundial, la desigualdad y la falta de instituciones con autoridad mundial, cuando más de mil millones de personas tienen que vivir con ingresos cercanos a un dólar diario, a la vez que han aumentando las desigualdades al interior de los países y entre estos.
Aunque también reconoce los beneficios del proceso de globalización, que permite un comercio más eficiente y también ha traído ventajas para millones de consumidores en todo el mundo, el documento, que va en la misma línea de la encíclica Caridad en la Verdad, que hace dos años y medio publicó el Papa Benedicto XXI, en la cual le hace una dura crítica al capitalismo salvaje y a la globalización mal entendida.
El Consejo Pontificio de Justicia y Paz, organismo de la iglesia que contribuye al desarrollo de los países más pobres y la justicia social) ha planteado una serie de reflexiones a los líderes mundiales y plantea revisar la estructura institucional de la economía mundial y crear una autoridad que se encargue de revisar en especial al sistema financiero.
Se advierte en el mismo documento que el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha reconocido en distintos documentos una estrecha relación entre la falta de gobierno que ha caracterizado el proceso de globalización y la mayor desigualdad social en algunos países y entre las naciones. En opinión de la Iglesia es indudable que se requieren mayores mecanismos de vigilancia, regulación y control al actual sistema.
El Papa Benedicto XVI pide volver a una ética económica de la solidaridad social al interior y entre los países, e invita a darle prelación al ser sobre el tener y volver a convertir al ser humano en el centro de las decisiones económicas.
Además, recuerda que su antecesor, Juan Pablo II, alertó sobre los peligros de caer en la idolatría del mercado que genera un desconocimiento de la existencia de unos bienes esenciales, unos bienes públicos y meritorios que por su misma naturaleza no pueden ser considerados mercancías.
En opinión de la Iglesia Católica ante los efectos avasallantes del proceso de globalización económica y cultural, se requiere una autoridad única, vinculada al sistema de las Naciones Unidas, que tenga relación con el gobierno de la economía, la seguridad alimentaria, la regulación de los flujos migratorios y el medio ambiente, entre otros temas trascendentales.
El documento de la Iglesia considera urgente, al igual que varios expertos de distintas tendencias incluyendo algunos Premios Nobel de Economía, revisar y regular el actual funcionamiento del sistema financiero internacional que mueve millones de millones de dólares diariamente en actividades bancarias y bursátiles, cuyos efectos están por encima de los gobiernos nacionales y pueden hacer tambalear a las economías pequeñas y medianas. Propone impuestos para regular esos movimientos de capital y constituir un fondo de reserva de apoyo a los países más pobres y vulnerables; habla de la capitalización de los bancos europeos, incluyendo recursos públicos, que sean utilizados en la financiación de proyectos del sector real de la economía.
El documento, finalmente, llama la atención sobre la formación que brindan hoy las universidades, especialmente las de Europa y Estados Unidos, que son las instituciones que forman a los profesionales que dirigen y manejan el sistema económico y financiero internacional.
Sin lugar a dudas, estos planteamientos de la Iglesia Católica constituyen un elemento muy importante para el análisis y la comprensión de los problemas de la coyuntura de la economía internacional y es de esperar que tenga efectos reales sobre las decisiones que comenzaron a adoptar los líderes del G-20, que implican medidas fiscales para países como Grecia, Italia y otros de la Unión Europea, que tendrán duros efectos sobre el bienestar de la población europea y que – tarde o temprano- se sentirán también en estos países de América Latina, acostumbrados por décadas a vivir con restricciones económicas.
Este documento de la Iglesia es un claro mensajes a los gobiernos nacionales y territoriales sobre la necesidad de contar con políticas públicas encaminadas a combatir la pobreza, la indigencia, promover el empleo y una mayor equidad y solidaridad económica que bastante falta que nos hace por estas tierras.
La Iglesia Católica y la crisis financiera internacional
El movimiento de los indignados, que cada día crece más en apoyo en distintos países de Europa y también en los Estados Unidos, ha movido a la Iglesia Católica a manifestarse sobre la actual crisis financiera y el futuro de la economía mundial. En efecto, días antes de la cumbre del G-20, el Vaticano produjo […]
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