“Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala”. Esta recordada y contundente frase de Albert Camus, periodista francés, premio Nobel de Literatura en 1957, recrea perfectamente la realidad del periodismo colombiano, que ha pasado por momentos difíciles que no permiten la libre expresión y por momentos buenos que lo convierten en la única esperanza de la sociedad.
El cuarto poder como se le conoce al periodismo, tiene la responsabilidad de hacer visible lo invisible, de manera veraz y objetiva, para que exista una ciudadanía conocedora de sus realidades, con unos claros propósitos, como son informar, educar, entretener y el más importante orientar.
Hoy cuando se celebra el Día del Periodista, aunque legalmente en Colombia, según la Ley 918 de 2004, el día oficial es el cuatro de agosto, es oportuno recordar que Colombia es uno de los países con más riesgos en el mundo para ejercer el periodismo, especialmente en sus regiones. Una cosa muy distinta es ejercer el periodismo en las grandes ciudades que en las pequeñas capitales y municipios, donde el poder político, de funcionarios públicos, de grupos armados ilegales, de la corrupción y de los delincuentes, afectan el desarrollo de un mejor trabajo.
