Hechos como los ocurridos cerca de González, al sur del Cesar, registrados oportunamente por este diario, en el cual cinco oficiales de la Policía Nacional murieron en una emboscada protagonizada, según las primeras informaciones, por una cuadrilla del autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN); sumados a los ocurridos en Nariño y otros puntos de la geografía nacional, demuestran que el problema de la subversión en Colombia sigue latente.
En primer lugar, debemos manifestar que los nombres de Edison Arturo Segura Rodríguez, Juan Carlos Castañeda Monsalve, Eustor Jesús Bulasco Guzmán, Cesar Mauricio Díaz Lozano y Jawyn David Córdoba Solano, servidores del Estado en la Policía Nacional, no deben quedar en el olvido, como sucede – rápidamente- en estos casos; sino que – por el contrario- su muerte merece el repudio de todo el país, por tratarse de un hecho cobarde y asesino.
En el mismo sentido, hay que registrar con preocupación las denuncias hechas por la cúpula del gremio ganadero, en cabeza del Presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie Rivera, ante el propio Ministro de Defensa, Rodrigo Rivera Salazar, sobre el aumento de los casos de secuestros, homicidios y las extorsiones, en algunas regiones del país.
En el caso de Valledupar y el Cesar, hemos conocido que no sólo son objeto de extorsión algunos ganaderos, en determinados puntos de la geografía del departamento, sino que son numerosos los casos de extorsión de los que son víctimas los comerciantes y pequeños empresarios, también en la ciudad, por parte de otros grupos armados al margen de la ley o de la misma delincuencia común.
La situación de orden público presentada en el país en los últimos meses, demuestran que Colombia tiene que continuar con una política sistemática, integral y permanente de seguridad en los campos y carreteras, para no hablar del problema de la inseguridad en las ciudades. Como se dice popularmente, la culebra sigue viva…
Es necesario que el Ejército Nacional y la Policía hagan más presencia en las carreteras, como en las épocas del Presidente Uribe, cuando la seguridad era la prioridad número uno del gobierno nacional y de la sociedad civil.
La sociedad colombiana tiene que seguir haciendo un gran esfuerzo, al dedicar una buena parte de los impuestos al fortalecimiento y modernización de su fuerza pública. Igualmente, se debe seguir mejorando la gestión en materia de inteligencia y la articulación de las fuerzas del estado con las comunidades de las poblaciones donde operan todavía algunos frentes de la subversión, particularmente de las FARC.
No obstante, el tema va más allá de aumentar el pie de fuerza y los equipos a disposición de las Fuerzas Militares; es necesario que la sociedad civil se mantenga firme a la hora de advertir algunas situaciones sospechosas y denunciar hechos como las extorsiones, los secuestros y otros delitos que se vienen presentando.
Sobre el particular, consideramos que el departamento del Cesar, merece una mayor atención por parte del gobierno nacional, en particular del Ministerio de Defensa, y del Ejército y la Policía Nacional, por cuanto se trata de un territorio ubicado en zona de frontera, limítrofe con Venezuela y que tiene parte de su territorio como corredor clave para el ingreso de armas, víveres y otros elementos que la subversión y otras agrupaciones ilegales requieren. A pesar de todos los esfuerzos, hay que persistir: La culebra sigue viva…
La culebra sigue viva
Hechos como los ocurridos cerca de González, al sur del Cesar, registrados oportunamente por este diario, en el cual cinco oficiales de la Policía Nacional murieron en una emboscada protagonizada, según las primeras informaciones, por una cuadrilla del autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN); sumados a los ocurridos en Nariño y otros puntos de la […]
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