Al celebrar el centenario del nacimiento de Hernando Morón Canales recordamos su personalidad, honestidad y amistad. Su empeño en las ideas de su partido, que entonces definía la agenda pública, la conducción del Estado y los valores más representativos de una sociedad en crecimiento.
Con empeño siguió en sus últimas décadas los liderazgos que entusiasmaban a las masas y entregó su energía más madura a exaltar las banderas de Carlos Lleras Restrepo. Entonces, los jefes naturales del partido, en sus canapés republicanos, en las convenciones, en las páginas de la gran prensa, o en condición de tribunos de acendrada oratoria, exponían sus ideas. Aún no había aparecido la magia de la televisión y más lejos estaba la provincia de lo que hoy son las redes sociales.
Aquí, al calor de un tinto, recias personalidades como Hernando Morón discutían y defendían sus principios y la política era una devoción, una conversación, un gesto de amistad sin sombras, cálculo y manipulación mediática o personal.
