Importante que los gobiernos departamental y municipales ocupen sus agendas con el tema de la delincuencia juvenil, un problema de talla grande que debe atenderse urgentemente, antes que se desborde y se salga del control. Lo que antes era observado como una situación aislada, que ocurría en las grandes ciudades del país, ya se vive en carne propia en los 25 municipios del Cesar.
La delincuencia juvenil tiene en jaque a los hogares cesarenses, a las instituciones educativas y a la comunidad en general. Los padres no saben qué hacer con sus hijos descarriados y los profesores son intimidados en las aulas y difícilmente pueden intervenir porque son amenazados por los jóvenes que ya vienen de sus hogares con malas mañas. Por su parte, la institucionalidad se queda corta ante tamaño problema.
El Centro de Recepción y Observación al Menor Infractor (Cromi) en Valledupar es un indicador de lo que ocurre en todo el Cesar. En el 2011 atendió 285 casos, que en el 2012 se duplicaron, comportamiento que sigue en ascenso. La estrecha relación entre el consumo de drogas y la delincuencia juvenil es una realidad que deben tener en cuenta para aplicar las políticas de prevención.
