EDITORIAL

El triste espectáculo de la controversia Uribe-Santos

Un triste espectáculo es el que está brindando el ex presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez al país, inclusive al mundo, con su enfrentamiento verbal y virtual con el actual Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón. Hasta cierto modo se comprende que Uribe Vélez quiera hacer una defensa de su obra de […]

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Un triste espectáculo es el que está brindando el ex presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez al país, inclusive al mundo, con su enfrentamiento verbal y virtual con el actual Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón.
Hasta cierto modo se comprende que Uribe Vélez quiera hacer una defensa de su obra de gobierno, concentrada en los temas de seguridad democrática, confianza inversionista y cohesión social, los tres “huevitos”, como el mismo gráficamente los llamaba.
Pero esa gestión debe hacerla con argumentos de fondo, por medio de artículos de prensa, conferencias, inclusive libros y otros medios donde pueda explicar, con argumentos y tesis, las razones de muchas de las decisiones de Estado que adoptó y su posición actual sobre la economía, las relaciones internacionales, la lucha contra la subversión, el manejo del tema del paramilitarismo, entre muchos otros.
Sin embargo, lo que hemos visto del ilustre expresidente es una actitud camorrista, pendenciera y de muy mal gusto, a través de frases cortas y efectistas, por medio de las redes sociales, mensajes estos encaminados más a ofender al actual mandatario y a su equipo de gobierno, que a defender sus políticas y su obra de gobierno.
Uribe no puede olvidarse que Santos hizo parte de su gobierno, que fue su Ministro de Defensa, y con una muy buena gestión, y que además fue una persona comprometida con esa administración;  que fue Santos quien fundó el Partido de la U, organización que lo llevó a su segundo mandato, etc.
Y no le queda bien a un expresidente de la República decir que no hay garantías en la justicia del país, acusar de deslealtad al Presidente Santos porque se estén juzgando, como corresponde, a algunos funcionarios de su gobierno; o se estén dando cambios en el manejo de la política de tierras, en la atención a las víctimas, y en las relaciones diplomáticas con Venezuela y Ecuador, para mencionar sólo algunos temas.
El actual Presidente está en todo su derecho de definir y defender sus propias políticas, gobernar con los movimientos políticos y funcionarios que a bien tenga y tener su propio estilo de administrar, como lo ha demostrado hasta ahora. La obligación de un Jefe de Estado es cumplir la Constitución y la ley, pero en ningún a “casarse” con unas políticas de gobierno que, en su criterio, ameritan un cambio por el bien del país.
Hemos dichos varias veces, desde estas mismas páginas, que mucho va de Uribe a Santos, y los colombianos no votaron por un tercer mandato de Uribe sino por un gobierno con otras propuestas, otro estilo y otro talante, distinto al del hombre de Antioquia, defensor de la seguridad democrática y de la mano dura a ultranza.
Son graves las señales que este enfrentamiento le da al país nacional y al mundo, más aún en esta coyuntura cuando todo el continente tiene los ojos puestos en Colombia, con motivo de ese magno evento que es la Cumbre de las Américas, que se desarrolla por estos días en Cartagena.
Reiteramos que el expresidente Uribe, en  una democracia y en un sano debate puede defender su obra de gobierno y opinar sobre los distintos problemas del país, según su entender; pero con otro estilo, de otra manera, con altura democrática, con argumentos, con tesis y posiciones, no con agravios e insultos que desdicen de él y de su actual equipo de asesores.
Por el bien del país y por la misma imagen de su gestión, que si duda pasará a la historia en una posición destacada, le sugerimos, con todo respeto, cambiar de actitud, de formas y estilos para dar la confrontación de ideas que quiere propiciar. Para eso es la democracia y de eso se trata, pero con otro estilo y con mucho respeto.

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