EDITORIAL

El suicidio como problema social

Un problema silencioso y muy triste se viene presentando en todo el país; afecta a cientos de personas y familias que por temor al que dirán, por prudencia, – o por cualquier otra razón, ni siquiera lo reportan a las autoridades de salud. Se trata del inefable suicidio… Son muchas las causas que pueden estar […]

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Un problema silencioso y muy triste se viene presentando en todo el país; afecta a cientos de personas y familias que por temor al que dirán, por prudencia, – o por cualquier otra razón, ni siquiera lo reportan a las autoridades de salud. Se trata del inefable suicidio…
Son muchas las causas que pueden estar detrás de la tragedia del deseo  y la intención de suicidarse. Es un drama personal, individual, pero también familiar, y social, que nos merece todo el respeto y que consideramos debería tener una mayor atención por parte de la sociedad, en su conjunto, y de las instituciones del Estado, en particular.
La situación económica, en algunos casos, la crisis de la familia, otro tipo de problemas personales, relacionados con la adaptación social, identidad sexual, el consumo de alcohol y drogas, entre otras, pueden  estar entre los detonantes de la llamada autoeliminación. El tema es no es nada fácil…
En lo que va del año se han presentado en Valledupar, oficialmente reportados, diez suicidios y cuarenta y ocho casos de intentos.  A estos últimos los expertos los llaman sobrevivientes.
La pérdida del amor por la vida, la negación del primer instinto del hombre, como es el de supervivencia, representa un asunto complejo para la sicología, la siquiatría y la misma filosofía. El célebre escritor, periodista y filósofo, Albert Camus, franco-argelino, afirma en su obra, “El mito de Sísifo”, que se podría considerar el suicidio como uno de los principales problemas de la filosofía, en su opinión el único.
Siempre será el suicidio un tema de sicólogos, siquiatras, filósofos y también de los poetas; pero más allá de la complejidad del mismo, queremos llamar la atención del problema desde el punto de vista sicológico y social.
Que diez personas se hayan suicidado y otras cincuenta, aproximadamente, lo hayan intentado, se podría considerar como un indicio de una sociedad enferma. Y desde ese punto de vista, volvemos a llamar la atención sobre la situación a las autoridades de salud, a las instituciones educativas y a los mismos padres de familia, con el fin de estar alertas frente a la persona que presenta rasgos de depresión y que ha manifestado, directa o indirectamente, un desprecio por la vida y su intención de quitársela.
Nos preguntamos, ¿hasta que punto el problema está relacionado con la crisis de la familia en la sociedad actual?, agobiada por la falta de tiempo y de diálogo entre la misma pareja y entre los padres y sus hijos. Hasta donde ha influido la falta de opciones económicas, la pobreza, la marginalidad y el alto desempleo. Pero también el consumismo, el criterio de la vida fácil, la falta de un sentido del sacrificio  y del esfuerzo por conseguir las cosas, con el cual estamos criando a nuestros hijos y a nuestros nietos.
Las instituciones educativas, socializadoras por excelencia, tienen un papel muy importante por realizar, en la detección de alertas tempranas sobre una población en riesgo como son los niños y los jóvenes. Por supuesto, esta orientación no debe ir en desmedro de la autoridad y la disciplina que debe regir la vida educativa.
Y está, finalmente, el sistema de salud, que en Colombia tiene la gran falla de no incluir expresamente los temas de salud mental en el Plan Obligatorio de Salud (POS). En este sentido, queremos reconocer que las Secretarías Municipal y Departamental de Salud, tienen unos profesionales a cargo del tema, pero que aún falta la famosa Unidad de Atención de Salud Mental que requiere en Cesar, un departamento con más de un millón de habitantes y con una realidad social y económica tan compleja.
El año pasado la administración municipal lanzó una campaña de comunicación sobre el tema, consideramos necesario volver a rescatarla; pero, más allá de las campañas, que no dejan de ser importantes, se requiere una política integral y sistemática de atención al potencial suicidad y a su familia.
Debemos reconocer el problema y atenderlo de manera oportuna y profesional, para evitarle a muchas familias el drama del suicidio que deja tantas heridas sicológicas y sociales. Los sicólogos, trabajadores sociales, siquiatras y otro tipo de profesionales, con el apoyo de los medios de comunicación, debemos volver a integrar una red de atención temprana y preventiva a esta triste realidad.

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