La noticia se conoció como muchas otras en Colombia, primero como un rumor, un secreto a voces, pocos datos, medidas verdades, y así, sucesivamente, hasta que por estos días se supo oficialmente: Gabriel García Márquez, el hijo del telegrafista, el escritor más grande de nuestra historia y laureado Premio Nobel está enfermo, padece de problemas de memoria. Lo confirmó su hermano, Jaime García, uno de sus confidentes.
Gabito, como le dicen sus amigos y allegados, quien cumplió 85 años en marzo pasado, fecha que celebró en ciudad de México, donde vive con su mujer, Mercedes Barcha, y cerca de sus hijos y nietos, el amigo de Rafael Escalona, el compositor vallenato, el hombre líder del Grupo de Barranquilla que le quitó toda solemnidad a la literatura nacional y partió en dos la historia de la literatura hispanoamericana ha comenzado a perder la memoria y – por ratos- la lucidez. Es una mala noticia por partida doble, no sólo por su humanidad, un amigo de estas tierras, promotor del vallenato y amigo de Valledupar y la Guajira, de donde se alimentó para crear a ese pequeño mundo, Macondo, sino porque le queda debiendo a sus millones de lectores en todo el mundo la mayor parte de sus memorias, sus años de gloria, esos que no entraron en su libro “Vivir para contarla”.
Desde estas cálidas tierras que él tanto conoció, sufrió y gozó, cuando no era nadie, sino un sencillo vendedor de libros y novato periodista, pero con unas ganas inmensas de formarse para ser escritor y contarle al mundo las fantasías que conoció de su abuela, de su abuelo, el viejo coronel, y de sus amigos de acá del Cesar, de La Paz, de la Guajira, de donde eran sus ancestros maternos, y que el le contó al mundo y – al principio- nadie le creyó; le enviamos un abrazo grande y fuerte, más grande que el Cerro de Maco, el del Sanjacintero Adolfo Pacheco Anillo, y rogamos por que sus últimos años los pueda vivir en paz y en la tranquilidad de su estudio y sus fantasías.
Gabito le debe mucho a Valledupar, al Cesar y a la Guajira. Insistimos, de estas tierras sacó buena parte de sus historias y personajes; pero también Valledupar y el Cesar le deben mucho al gran maestro de la literatura y el periodismo: fue un promotor y defensor del Festival Vallenato, y por eso se llevó a muchos de nuestros músicos, bajo el liderazgo de Consuelo Araujo Noguera, a los Hermanos Zuleta, a Pedro García, y a Pablito López, a Escalona, entre muchos otros, porque el sabía, en el fondo de su alma, que el Macondo está más lejos del mar de lo que comúnmente se cree. Y por eso en su honor se han realizado varios festivales.
Hoy le ha tocado la “peste del olvido”, que a tantos afectó en la pequeña aldea de Macondo, y que, en el fondo, nunca tuvo cura. En su caso, maestro, no necesita de ninguna cura, hace rato que con su obra literaria y su gestión cultural, por el cine, el periodismo, la música, la paz de Colombia y tantas otras nobles causas, se ganó el reconocimiento del Caribe, de Colombia, de América Latina y del mundo.
Dejemos al maestro tranquilo, vamos a esperar a sus biógrafos, que los hay y muy buenos, y que pueda vivir feliz en su mundo mágico por muchos, por cientos años más.
El ocaso de un gran escritor
La noticia se conoció como muchas otras en Colombia, primero como un rumor, un secreto a voces, pocos datos, medidas verdades, y así, sucesivamente, hasta que por estos días se supo oficialmente: Gabriel García Márquez, el hijo del telegrafista, el escritor más grande de nuestra historia y laureado Premio Nobel está enfermo, padece de problemas de memoria. Lo confirmó su hermano, Jaime García, uno de sus confidentes.
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