EDITORIAL

El largo y difícil camino de la paz

En algunos sectores del país, inclusive en algunas regiones, pareciera que no se hubiera comprendido bien y a cabalidad la trascendencia que tiene el inicio de un proceso de negociación entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC, que arrancará de manera formal en los primeros días de octubre del presente año, en […]

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En algunos sectores del país, inclusive en algunas regiones, pareciera que no se hubiera comprendido bien y a cabalidad la trascendencia que tiene el inicio de un proceso de negociación entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC, que arrancará de manera formal en los primeros días de octubre del presente año, en Oslo, Noruega.
Se trata, nada más ni nada menos, de buscar una salida política a un conflicto que lleva décadas y que ha enlutado y entristecido los hogares de miles de colombianos, a lo largo y ancho del territorio nacional; y ha retrasado, sin lugar a dudas, el curso de nuestro desarrollo económico y social.
El gobierno nacional, y los mismos líderes de las FARC, han acordado darle un bajo perfil, en el tema de las comunicaciones, al proceso de paz. Compartimos esa política, en este tipo de negociaciones la paciencia, la prudencia y el buen tino, son los mejores consejeros.
No obstante lo anterior, sería bueno que el gobierno liderara un proceso de difusión y comunicación social masiva de las negociaciones; primero, con sectores específicos del Estado y la sociedad: el Congreso de la República y las Altas Cortes; los gobernadores, los alcaldes, los diputados y concejales de todo el país; las organizaciones sociales, gremios, sindicatos y las no gubernamentales, para ir creándole un ambiente positivo al proceso.
El documento conocido como “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, reconoce que el mismo requiere de la colaboración y apoyo de la sociedad civil en su conjunto. Ese material de difusión debe precisar que la paz no es proceso fácil, que no está a la vuelta de la esquina y que, por el contrario, es un proceso lento, complejo y difícil que requiere de mucha sinceridad de las partes y también del apoyo decidido de los mismos sectores institucionales y sociales en las regiones.
Ha hecho bien el Presidente Santos en explicar ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), como ya lo ha hecho ante otras instancias internacionales, la metodología del proceso y sus alcances. A pesar de que se trata un proceso autónomo de Colombia, nuestro país requiere de la comprensión y apoyo de los gobiernos vecinos, pero también de toda América Latina, de Estados Unidos y de los principales países de Europa.
La relación del conflicto con el tráfico de drogas y con el negocio de las armas, que son temas internacionales, además del apoyo y la mediación de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile, tal como lo establece el documento firmado entre las FARC y el gobierno, ratifican que nuestro país requiere del apoyo de la comunidad internacional.
La misma tarea de difusión y pedagogía se debería extender a las universidades, colegios y escuelas; y luego a las grandes empresas grandes, y a otros escenarios, mediante folletos, avisos sencillos y didácticos sobre la metodología, los beneficios y los alcances del proceso de negociación que se iniciará próximamente; en últimas explicar el mensaje que se trata de un largo, complejo y difícil proceso de buscar la paz y la terminación de este conflicto que tanto daño nos ha hecho, en las últimas décadas. Este es un reto de todos.

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