EDITORIAL

El humo que mata

El terreno que se había ganado en la lucha contra el tabaquismo, al lograr espacios libres de humo y una disminución del consumo, se está perdiendo con la nueva generación de jóvenes (12 a 16 años) que volvieron a usar el cigarrillo para ganar estatus en su entorno. Las dos generaciones que le antecedieron a […]

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El terreno que se había ganado en la lucha contra el tabaquismo, al lograr espacios libres de humo y una disminución del consumo, se está perdiendo con la nueva generación de jóvenes (12 a 16 años) que volvieron a usar el cigarrillo para ganar estatus en su entorno. Las dos generaciones que le antecedieron a esta son hoy adultos, en un alto porcentaje, menos consumidores de cigarrillo.

Publicaciones especializadas aseguran que mientras menos del 20 por ciento de los adultos fuman, en menos de una década el consumo de cigarrillos en adolecentes pasó del ocho al 29 por ciento, situación que preocupa porque esto significa que aunque se hacen esfuerzos para disminuir el problema en adultos, poco atención le prestan a los adolescentes.

Sin embargo, la realidad de hoy es diferente. El cigarrillo, junto a las drogas sicoactivas y el alcohol se han convertido en el epicentro de las reuniones, fiestas e integraciones juveniles. En los parques de Valledupar esa realidad se observa todos los días, por citar solo un ejemplo que puede tomarse como una radiografía de lo que sucede entre la juventud.

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