EDITORIAL

El futuro incierto del TLC

Con bombos y platillos salió el gobierno nacional, el pasado mes de abril, a anunciar el visto bueno del Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, al Tratado de Libre Comercio (TLC), como resultado de su reunión con el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, durante una visita en el poderoso país del norte. […]

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Con bombos y platillos salió el gobierno nacional, el pasado mes de abril, a anunciar el visto bueno del Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, al Tratado de Libre Comercio (TLC), como resultado de su reunión con el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, durante una visita en el poderoso país del norte.
Y es que luego de más de cinco años de firmado el TLC, una iniciativa bandera para en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, el TLC con Colombia sigue en el limbo, mientras ha sido aprobado el de Perú, Panamá y Corea, entre otros países.
Las relaciones entre los dos partidos tradicionales de Estados Unidos, Republicanos y Demócratas, afrentados por una decisión de política sobre el manejo del déficit fiscal, ha tenido una suerte incierta que no se compadece con la reciprocidad que debería haber entre estas dos naciones, socias y amigas, al fin y al cabo, así la primera sea la potencia número uno del mundo.
El TLC con Colombia tiene mejor ambiente entre los republicanos que entre los demócratas, pero las relaciones bipartidistas allá han afectado la evolución del Tratado, en detrimento de las aspiraciones de nuestro país.
Y todavía falta por realizar una nueva serie de tareas que le han reiterado a Colombia, en materia de legislación laboral, derechos humanos, entre otros aspectos.  En realidad, nuestro país no ha sabido defender el tema de los derechos humanos, como tampoco el de la protección a los sindicatos y sus directivos.
El Estado y la sociedad colombiana no pueden aceptar, como condición para firmar un tratado comercial, que en Colombia el asesinato y la persecución a los sindicalistas sea una política de estado; cuando nuestro conflicto por sus características tan complejas implica, también, riesgos para otros sectores sociales, como los campesinos, los periodistas, inclusive los ganaderos y agricultores, independientemente de su militancia política.
En ese orden de ideas, quien nos garantiza que, ahora sí, los congresistas que se oponen al TLC con Colombia, ahora sí acepten lo que el país ha avanzado en esta materia y lo que se viene haciendo, desde la gestión de Francisco Santos Calderón como vicepresidente  y ahora la de Angelino Garzón, un veterano sindicalista, desde el mismo cargo.
Lo que Estados Unidos ha hecho con Colombia, hay que decirlo sin ambigüedad, lo reiteramos, es otra forma de proteccionismo, que no se compadece, insistimos, con los compromisos que nuestro país ha tenido con esa Nación, en materia de lucha contra el narcotráfico, lucha contra el terrorismo, entre otros temas de la amplia agenda bilateral.
Insistimos en que independientemente de la evolución del TLC, Colombia debe seguir adelantando una política protección y promoción de los derechos humanos, en general, y de protección de la asociación sindical; como también hacer las millonarias inversiones que requiere en materia de infraestructura y las reformas pendientes para hacer  más competitivo, eficiente y productivo, su aparato productivo.
Pero no debe permitir ese condicionamiento, por lo menos en el tema laboral,  a la aprobación del TLC.
Sin duda, tenemos el imperativo de buscar nuevos mercados y diversificar el destino de nuestras exportaciones, a Venezuela, a Ecuador, a otros países de la Región, como el gigante Brasil, y mirar otros continentes, sin fundamentar ese aumento de sus exportaciones en ningún tipo de prebendas, sino en una mayor eficiencia, competitividad y productividad.

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