Parece que el universo conspirara constantemente contra el sector agropecuario del Cesar, que sigue sumido en la depresión económica. Remontarse en el tiempo es dar un vistazo a las buenas épocas, cuando el campo cesarense era el motor principal de la economía, que logró que numerosas familias se fueran a vivir a las zonas rurales en busca de bienestar.
Esa imagen que ya es parte del imaginario colectivo de los cesarenses y todos aquellos colombianos que conocieron la época dorada del agro, es hoy todo lo contrario. De las más de dos millones de hectáreas aptas para cultivar en el departamento, solo un tímido porcentaje que no llega siquiera al diez por ciento, es muestra de esa época. Y contrario a lo que ocurría con las familias que deseaban irse a trabajar el campo, hoy éstas no se quieren ir de la ciudad y prefieren engrosar los cordones de pobreza en Valledupar, claro está por circunstancias diferentes (violencia, falta de oportunidades, baja producción de cultivos, falta de políticas agropecuarias).
El panorama que hoy muestra el informe periodístico de EL PILÓN, no es más que un recordatorio de lo pasa desde hace más de dos décadas. El algodón, cultivo insigne del Cesar ya no es sombra de lo que fue, el arroz va en picada hace rato y la ganadería a diferencia de lo que muchos piensan, no es tan rentable, mientras no se tecnifique su producción.
