El hecho ocurrido el viernes anterior en el aeropuerto Alfonso López, que originó una emergencia aérea por culpa de un gallinazo de los que rondan constantemente la pista de aterrizaje especialmente, incluso las instalaciones, el cual se estrelló con una de las turbinas, abrió nuevamente la discusión sobre los niveles de seguridad con que cuenta este aeropuerto.
Por años el Alfonso López ha estado entre la espada y la pared. Primero lo rodearon las invasiones y luego lo invadieron con la llegada de estas comunidades, en su mayoría desplazadas de otras regiones, con basuras, desechos, escombros y cuanto material se les ocurría arrojar, con la permisividad de las autoridades locales. De vez en cuando, alguien decía algo, pero ninguna acción de fondo que permitiera garantizar la seguridad aérea.
Ahora con el incidente del gallinazo, se prendieron todas las alarmas y de manera reactiva las autoridades dieron la cara. El alcalde Freddys Socarrás, su secretario de Gobierno, Alfonso Vásquez López, y otros funcionarios de la administración municipal, y representantes de la empresa Interaseo, encabezadas por su gerente Luz Stella Pinilla, se desplazaron hasta los alrededores, constataron que paralelamente a la pista, en el lado izquierdo, había toneladas de basura y para empeorar la cosa, que parte de los desechos de las vísceras y carne que venden en la avenida 44, justo frente a la cabecera de la pista, también son arrojados allí. Peor no puede ser la situación. Afortunadamente no hubo una tragedia u otros incidentes que generen temor entre la ciudadanía por la debilidad de la seguridad aérea de la capital cesarense.
