La situación ambiental de la Ciénaga de Zapatosa, el complejo de agua dulce más grande del país-360 kilómetros cuadrados, formada por el río Cesar y el represamiento del río Magdalena, ha sido durante décadas objeto de grandes inversiones que pretenden mantener este ecosistema rico en especies nativas de flora y fauna, que poco a poco ha ido decayendo por la intervención desmedida del hombre.
Esta ciénaga que hace parte del Cesar (Chimichagua, Chiriguaná, Curumaní y Tamalameque) y del departamento del Magdalena (El Banco), es un conglomerado de 20 islas que forman un eslabón turístico ecológico y cultural, que poco es aprovechado por los cesarenses y menos por los magdalenenses.
Es costumbre -casi que por inercia-, que las instituciones y organizaciones no gubernamentales se reúnan con frecuencia para hablar sobre la Zapatosa, con conclusiones que al final parecen apuntar al mismo camino: la responsabilidad de liderar los temas de este complejo cenagoso es de Corpocesar, asunto que ahí queda porque no se hace nada al respecto.
