EDITORIAL

Boquerón ya es otro cuento

En el año 2020 vino una ‘contraorden’ de la ANLA, asegurándose que ya no era necesario el reasentamiento de Boquerón porque después de más de una década los efectos ambientales negativos del polvillo y de las explosiones no la afectaban, según una nueva medición de los indicadores de calidad del aire en dicha zona.

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Boquerón pertenece al municipio de La Jagua de Ibirico y se ubica en el centro del Corredor Minero. Población de cerca de 1.500 habitantes, en su gran mayoría afrodescendientes, a 20 minutos de la Jagua de Ibirico por carretera pavimentada y por terreno totalmente plano, con temperatura muy calurosa y con más de 100 años de existencia, historia y tradición en el sitio en donde se encuentra actualmente localizada.


El reasentamiento de Boquerón, que se ordenó hace más de una década por la Agencia Nacional de Licencias Ambientales ANLA, no se logró porque las negociaciones entre las empresas mineras y la comunidad no alcanzaron un acuerdo satisfactorio; el Pacto ‘Boquerón avanza’ no se pudo implementar. Desidia, codicia, engaños, divisiones internas, demoras planeadas, de todo se vio en ese proceso, uno de los más difíciles de llevar a cabo en el mundo moderno. Reasentar una población es una medida extrema, que rompe la historia, la familiaridad, la vecindad, los medios de producción conocidos, por eso es tan difícil lograrlo. Estas dificultades iban a servir para que se diera un inesperado giro.

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