EDITORIAL

Analfabetas funcionales

El problema es bien preocupante y viene a sumarse a otra serie de fallas que afronta el sistema educativo colombiano: la gran mayoría de los estudiantes universitarios no leen y lo poco que leen son sus apuntes de clases y los de algún otro compañero. Se trata de un estudio realizado por un grupo de […]

canal de WhatsApp

El problema es bien preocupante y viene a sumarse a otra serie de fallas que afronta el sistema educativo colombiano: la gran mayoría de los estudiantes universitarios no leen y lo poco que leen son sus apuntes de clases y los de algún otro compañero.
Se trata de un estudio realizado por un grupo de investigadores de la Universidad Javeriana y de la Universidad del Valle, realizado en una muestra aproximada a las 4.000 personas de un grupo de 17 de las instituciones de educación superior más importantes del país.
La noticia, publicada por el diario EL TIEMPO en su edición del pasado martes, viene a confirmar una característica de todo el sistema educativo y es que nuestros estudiantes leen muy poco y lo poco que leen no lo comprenden a cabalidad. Y como no leen, tampoco pueden escribir para reflexionar y discutir sobre lo leído y sobre su realidad.
Desde estas mismas páginas hemos hablado del Plan Nacional de Promoción de Lectura y de la importancia del mismo, como también del fortalecimiento de la Red de Bibliotecas Públicas del país.
Para comprender lo que sucede en las universidades. hay que remitirse a lo que sucede en la primaria y en el bachillerato, desde ese momento los niños y niñas no leen ya que sus profesores y sus padres tampoco lo hacen. Se reproduce un esquema educativo apático a la lectura.
El problema es viejo, pero ahora se ha agravado por la facilidad que representa el mal uso de las nuevas tecnologías. Antes la gente tenía que investigar y documentarse a través de libros, periódicos o revistas, y acudir a las bibliotecas y a las hemerotecas; ahora no, cualquier duda o inquietud la resuelven por medio de la internet y ni siquiera se toman la molestia de verificar y consultar otras fuentes.
Un país que quiera mejorar la calidad de su sistema educativo a todo nivel, necesita fomentar la lectura y principalmente la lectura formativa, con  un criterio amplio. Y los primeros que tienen que comenzar a leer bien y en serio son los profesores.
Hay que revisar la calidad de nuestro profesorado y – en una buena proporción- este deja mucho que desear. En la gran mayoría de los casos se trata de personas, algunas de ellas licenciadas en distintas áreas del conocimiento, pero que siguen en la educación bancaria y memorística, alejados del estudio profundo, el análisis, la reflexión y la práctica del pensamiento crítico.
Durante muchos años, la inversión que el país ha hecho se ido en mejorar las condiciones laborales y de seguridad social de los profesores, pero muy poco se ha destinado a su formación y su actualización. En este punto el país tiene que dar un salto y pensar en enviar al exterior, a Europa y a los Estados Unidos, y a otras zonas, a un grupo amplio de profesores para que estos renueven desde allá sus conocimientos y sus métodos. Así suene colonialista, es la única forma de dar un salto como se hizo en el país a mediados del siglo pasado cuando se renovó el profesorado universitario.
La promoción de la lectura, en todos los niveles y en distintos escenarios: la escuela, la casa, el sitio de trabajo, los parques y centros comerciales, debe ser una política de estado y un compromiso nacional. Sin personas que lean, bien y a conciencia, y que comprendan a cabalidad lo leído no podremos contar con una educación de mejor calidad, así se esté hablando de otros temas complementarios como el bilingüismo y el acceso a las nuevas tecnologías. Hay que evitar que muchos de nuestros bachilleres e inclusive profesionales universitarios sigan siendo analfabetas funcionales, esto impide construir una sociedad más productiva, competitiva y comprometida con sus problemas y su futuro.

TE PUEDE INTERESAR