EDITORIAL

Algunas reflexiones sobre la Planeación del Desarrollo

Cuando apenas llevan quince días de posesionados los nuevos Alcaldes y Gobernadores del país, los gobiernos territoriales intensifican los procesos de elaboración de sus planes de desarrollo económico y social, encaminados a buscar solucionar algunos de los problemas más sentidos de sus respectivas comunidades. Valledupar, El Cesar, y cada uno de sus municipios, también viven […]

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Cuando apenas llevan quince días de posesionados los nuevos Alcaldes y Gobernadores del país, los gobiernos territoriales intensifican los procesos de elaboración de sus planes de desarrollo económico y social, encaminados a buscar solucionar algunos de los problemas más sentidos de sus respectivas comunidades.
Valledupar, El Cesar, y cada uno de sus municipios, también viven este proceso institucional, al cual queremos referirnos hoy por la importancia y trascendencia que tienen.
En primer lugar, volvemos a insistir, como ya lo hemos hecho en estas mismas páginas, en la conveniencia que esa planeación sea realizada de manera realista y técnica. Elaborada a partir de los recursos disponibles, tanto los económicos, institucionales, como los de población y territorio.
En gobiernos anteriores, hemos visto planes demasiado ambiciosos y poco realistas que – a la final- terminan convirtiéndose en documentos con un nombre rimbombante y terminan archivados y en una desilusión para las comunidades, que, en últimas, deben ser el centro de la planeación económica y social.
Sin embargo, lo anterior no es obstáculo para pensar con una visión prospectiva de mediano y largo plazo, con el fin de establecer también políticas, programas y proyectos de largo alcance.
En este tema, en el caso específico de Valledupar y el Cesar, y aprovechando la visita del Presidente Juan Manuel Santos el próximo sábado, sería bueno solicitarle al gobierno nacional un acompañamiento especial del Departamento Nacional de Planeación, que estrena nuevo director, el economista Mauricio Santamaría, quien remplazó a Hernando José Gómez, quien entraría a manejar los temas del TLC. Y también de la Dirección de Apoyo Fiscal (DAF) y otras entidades del Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
Volvemos a reiterar la necesidad de revisar y darle continuidad a los programas que van por buen camino, principalmente relacionados con los sectores de salud, educación, protección social, obras públicas, etc, que no tienen y no deberían sufrir ningún tipo de interferencia por el cambio de administración.
En este sentido, es bueno evitar el síndrome de Adán, aquel del que padecen algunos funcionarios públicos que consideran ser los primeros en la solución a problemas que son viejos y sobre los cuales nadie se las sabe todas.
Este ejercicio, que muchas veces se desconoce en la administración pública, es esencial para la buena gerencia y en particular para la aplicación de los principios de buen gobierno.
Insistimos en que tanto en el caso del municipio, como en el del departamento, es bueno que los nuevos mandatarios establezcan unas relaciones claras, institucionales, respetuosas, armónicas e independientes con los concejales y diputados, respectivamente, con fin el de crear el marco político adecuado para lograr unas buenas administraciones, sin que ese ambiente signifique que ninguno de los dos poderes pierda su independencia, según lo establece la Constitución y la Ley.
Y tanto el Municipio como el Departamento, requieren del apoyo y el trabajo incondicional de sus parlamentarios, para lograr un frente común que facilite un buen grado de atención del gobierno nacional.
Son tantos los problemas y tan limitados los recursos que en los dos entes se requerirá de planes de desarrollo muy precisos y factibles,  que impacten los temas de la seguridad, infraestructura, competitividad de estos territorios, política social y lucha contra la pobreza y el desempleo, fundamentalmente.

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