Un avance sustancial en materia de política social lo constituye la gratuidad en la educación básica pública. Este logro, además de cumplir con el mandato constitucional, representa un gran instrumento en materia de equidad social e igualdad de oportunidades.
Y hay que reconocerlo y advertirle a la gente, principalmente a las comunidades beneficiadas, que este avance representa un gran costo – desde el punto de vista fiscal- y que debe ser bien valorado y ponderado por los padres de familia, los niños y los jóvenes beneficiados.
Es un gran progreso, que tendrá positivas y amplias repercusiones en el mediano y largo plazo. Distintos estudios económicos y sociales comprueban la alta relación entre el nivel educativo y el ingreso de las personas; de allí que, reiteramos, es un gran avance en materia de igualdad de oportunidades, en una sociedad bastante desigual como la colombiana.
Garantizar el acceso a la educación de la gran mayoría de la población, es decir de todo aquel que pida un cupo, entre el primero y el once grado, debe ser motivo de orgullo para el país y – sin lugar a dudas- será bien reseñado en los estudios comparativos internacionales. Y si esto se logra de manera gratuita, principalmente para las personas de los estratos más pobres, es mucho mejor. De allí que se justifique, en buena parte, que el gobierno nacional saque pecho con el tema, que tendrá aún muchos ajustes.
Ojalá la gratuidad vaya acompañada de una buena asignación de los recursos a las distintas instituciones educativas, y que estos sean girados de manera oportuna y fundamentada en las reales necesidades de cada una y en la población a beneficiar.
Sin embargo, en nuestra opinión, esto no debería representar que no se les permita a las asociaciones de padre de familia – de manera democrática- aprobar y solicitar otro tipo de recursos para muchos otras necesidades que tienen las instituciones, y por supuesto los estudiantes, que quizás no podrán ser atendidas con la debida oportunidad; sin que esto signifique ningún tipo de represalias para los padres de familia y los alumnos que no puedan sufragar este tipo de gastos, que deben ser moderados y plenamente justificados.
Pero además de los temas de cobertura y gratuidad, la educación pública en Colombia adolece de muchos otros problemas y uno de ellos es el de la baja calidad.
Varias veces hemos reflexionado sobre un tema tan amplio como el de la calidad en la educación, que tiene que ver con tantos asuntos de pedagogía, de recursos técnicos, de formación de los educadores y hasta de las nuevas tecnologías, entre otros.
Sin embargo, consideramos que uno de las variables más importantes y con un gran impacto en el tema de la calidad la constituye el tiempo efectivamente invertido en el estudio en el salón de clase y fuera de él. Por esta razón debemos rechazar los constantes paros convocados por el poderoso sindicato de los maestros en Colombia, Fecode.
Mucho han logrado los maestros en Colombia, por medio de esta confederación sindical. Y está bien que así sea, de eso se trata. Hace parte del derecho de asociación la defensa de los intereses de un sector legítimo, como los maestros. A lo que no hay derecho es a que cada vez que tengan un asunto laboral por resolver acudan al mecanismo del paro para presionar al gobierno y a la sociedad.
Es hora ya de que Fecode supere esa forma de protestar y -por el contrario, y en esto coincidimos con la Ministra María Fernanda Campo, respeten, acaten y cumplan los horarios establecidos y la intensidad horaria de los programas académicos. En educación está comprobado que el tiempo perdido tiene un gran costo de oportunidad. Las horas de clase que se pierden por festivos, semanas de receso, fiestas populares, y paros de maestros, impiden desarrollar a cabalidad los programas. Este es un elemento que atenta contra la calidad de la educación pública en Colombia y que tiene sus repercusiones en los mediocres resultados que ha logrado el país en las comparaciones internacionales con países de desarrollo similar.
Consideramos que los temas relacionados con la cobertura y la calidad del sistema educativo en Colombia deben ser objeto de permanente discusión y controversia, para ir avanzando en la superación de los mismos, con mayor razón en nuestra capital, Valledupar, y en nuestro departamento, como lo viene asumiendo, en buena hora, el gobierno y la Asamblea Departamental.
Algunas reflexiones sobre la educación pública
Un avance sustancial en materia de política social lo constituye la gratuidad en la educación básica pública. Este logro, además de cumplir con el mandato constitucional, representa un gran instrumento en materia de equidad social e igualdad de oportunidades. Y hay que reconocerlo y advertirle a la gente, principalmente a las comunidades beneficiadas, que este […]
TE PUEDE INTERESAR
- Editorial
Hay que acatar las enseñanzas que deja la tragedia en Venezuela
- Editorial
Valledupar debe ratificar su capacidad para eventos de gran magnitud
- Editorial
Soplan nuevos vientos en el CPV
- Editorial
¿Quién responde por la entrega de tierras en el empalme con el nuevo gobierno?
- Editorial
Lancemos un S.O.S. internacional por el río Cesar
- Editorial
La luz de Atenea
