Aunque todavía es imposible proyectar en que terminará la crisis económica, desde ya se pueden sacar algunas lecciones de todo lo que está pasando, que tendrá serias consecuencias en todo el mundo, incluyendo, obviamente, a América Latina y a Colombia.
Una de las primeras lecciones que quedan de esta crisis es que la globalización tiene sus costos, y son bien altos. Siempre se le vendió al mundo la idea que la globalización sólo tenía beneficios, y que la misma era buena para todas las naciones: ricas y pobres. La realidad es muy distinta y la globalización, como todas las cosas, tiene su lado negativo y uno de ellos es el efecto contagio, que hoy está afectando a Europa, pero que, en cualquier momento, puede pasar también su cuenta de cobro al resto del mundo, incluyendo a América Latina.
En segundo lugar; otra lección de la crisis es que el mundo debe vivir, de manera permanente, haciéndole ajustes al sector financiero. La salud de los bancos y del resto de instituciones financieras es determinante para el funcionamiento del resto de la economía moderna y más que protegerlos, lo que exige el sector es una revisión periódica y un ajuste permanente a los sistemas de regulación, supervisión y control de esas instituciones.
Lo que está sucediendo en varios países de Europa, al igual que lo que sucedió en los Estados Unidos, hace menos de tres años, ratifica que nunca sobran los controles y las advertencias en materia de regulación y supervisión bancaria.
Otra lección de la actual crisis es que hay que volver a pensar en que el centro de la economía debe ser el sector real: las empresas que producen bienes y servicios para las personas, las empresas que generan valor agregado, que deben ser eficientes, pagar impuestos y responsables en materia social y ambiental.
El sector financiero, que ha demostrado su tendencia a la especulación y al riesgo, no puede estar por encima del sector real de la economía; el sector financiero debe estar supeditado al servicio del sector real y no al contrario-, como pasó en los Estados Unidos y está sucediendo hoy en varias naciones de Europa.
Igualmente, queda como lección de la actual crisis la persistencia de los ciclos económicos: siempre habrá periodos de vacas gordas y periodos de vacas flacas. Y las políticas económicas deben estar encaminadas a atenuar esos ciclos y sus perversos efectos en la economía de las empresas y de las familias.
La arquitectura y las instituciones que rigen el sistema económico y financiero internacional tendrán que adecuarse a las nuevas circunstancias y actuar en consecuencia. Las autoridades económicas de Europa tienen la gran responsabilidad política de evitar que la crisis que afecta al viejo continente se agrave y termine por afectar, como lo tememos que sucederá, afectando al resto del mundo, incluyendo a países como Colombia a pesar de las cifras que muestra la actual coyuntura.
Hoy, a riesgo de volvernos cansones, debemos insistir en que Colombia debe preparar un plan para afrontar la situación internacional. No basta con una comisión de seguimiento a la crisis, como la anunciada recientemente por el Gobierno del Presidente Santos.
Como bien lo ha advertido el exministro de Hacienda, Guillermo Perry Rubio, sería ingenuo seguir pensando que esta crisis no nos va a tocar. Por supuesto que lo va hacer y debemos estar preparados para ello.
Se requiere, por lo menos, volver a mirar muchos aspectos internos de nuestra economía: la inversión pública nacional y territorial en infraestructura, la estimulación de la demanda interna, vía construcción de vivienda y de otros sectores que sean alternativos y sirvan de contingencia a los coletazos de la crisis internacional, que – sin ambigüedades- nos afectará.
Algunas lecciones de la crisis económica
Aunque todavía es imposible proyectar en que terminará la crisis económica, desde ya se pueden sacar algunas lecciones de todo lo que está pasando, que tendrá serias consecuencias en todo el mundo, incluyendo, obviamente, a América Latina y a Colombia. Una de las primeras lecciones que quedan de esta crisis es que la globalización tiene […]
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